Atajos indecentes

Por Luis M. González

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Al tiempo que los alumnos apuran el curso 2017-18 para cerrar el trabajo de todo un año de esfuerzo, salta la noticia del máster falsificado de Cristina Cifuentes, la Presidenta de la comunidad de Madrid.

Sin duda un duro golpe para ella que ha tenido que dedicarse varios días a justificar lo injustificable teniendo después que dimitir del cargo.

A colación del delicado tema hemos sabido que engordar el curriculum es algo habitual en determinados ambientes, también en el político. Parece ser que se es mejor alcalde o diputado si se tiene un curriculum “gordo”. De acuerdo estaremos en que ya de principio se aparenta más, que no es poco. Quizá después sirva para trepar,…. ¡Qué tentación!

Como si el ser buena persona o realizar una buena gestión dependiese de papeles.

Como suele pasar con estas “pilladas” a las que desgraciadamente nos estamos acostumbrando, el caso es que ahora nadie de su “familia política” quiere saber nada del tema. Nadie conoce a esa señora. curioso.

El hecho no es baladí. Las últimas reformas educativas aplicadas en las universidades han ido encaminadas a finalizar carreras realizando máster que los estudiantes tienen que costear a base de mucho trabajo y esfuerzo, no solo de ellos, también de sus familias. Parece ser un camino ineludible si se quiere tener acceso al mundo laboral.

Tener titulación es algo que se ha convertido en fundamental. Por esa sencilla razón estudiar es algo primordial y está bien visto. Estudiar como concepto de prepararse para algo, lo que cada uno estime oportuno, invirtiendo en el futuro. O quizás sea mejor decir que no estudiar está mal visto porque es perder el tiempo que se necesita para el futuro. Los jóvenes tienen tantas alternativas al terminar su etapa de estudios obligatoria que elegir NINGUNA no deja en buena posición a los que optan por esta salida, a no ser que la suya sea la incorporación segura al mundo laboral. Algunos la tienen, pero los menos.

Y dicen que “hay demasiados estudiantes en las universidades”. Envían mensajes para convencernos de que no es necesario que nuestros hijos vayan. No me imagino a ningún ministro, directivo o alto ejecutivo planteándose esta alternativa para sus hijos.

Pero estudiar no es gratis ni siquiera en la etapa obligatoria. Necesario sí, pero gratis no. No, no es gratis. Libros, transporte, excursiones,… y actividades extraescolares cada vez más exquisitas. Y es mucho más costosa en las siguientes etapas. El saber no ocupa lugar pero sí el tiempo que dedicamos a querer saber. Tiempo y esfuerzo. Por eso duele tanto enterarse de que algunos usan “atajos” para conseguir sus fines mientras exigen a los demás superar cada vez más barreras y cada vez en edades más tempranas.

Lo pondrán difícil, habrá quien utilice atajos indecentes, pero no,…. ¡nunca habrá demasiados alumnos en las universidades! Oirlo me confirma que algo se ha hecho muy bien en los últimos treinta años.

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