Charlando con Alejandro…un fuentidueñero con personalidad

Pedro A. Mora

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Alejandro Domínguez Muñoz. De “casta le viene al galgo”. Sus apellidos son de estirpe fuentidueñera,
de familias trabajadoras y honradas tanto de una rama como otra. Su padre trabajador de la tierra y su madre ama de casa dedicada a la familia. Tiene un hermano, Pedro, sacerdote. También Pedro, su abuelo materno, fue un prestigioso maestro albañil de viviendas. Dirigió innumerables construcciones como el Puente de las Colonias y fue el encargado de diseñar y dirigir el Proyecto del Riego de las Vegas en 1937, como refleja el documental Tierra de España de Hemingway.
Alejandro siempre fue un chico aplicado y respetuoso. Monaguillo en la época de D. Germán, formaba tándem con Alfonso Bartolo y Enrique Castillo. Ellos controlaban a los jóvenes acólitos aspirantes, entre los que nos encontrábamos su primo Paco Domínguez, y yo. Los mayores nos adiestraban en los quehaceres. Misas en latín,
rosarios, toques y toda la liturgia eclesiástica. Ellos organizaban quién ayudaba en las bodas para luego ir al convite y quién asistía a misa en la Finca de Arenales donde después de la misa preparaban buenos desayunos y daban propina.
Uno de sus primeros trabajos fue en el Bar Zamora donde compatibilizaba camarero con mozo de surtidor de combustible, supliendo a Paco mientras estuvo en la mili. Allí aprendió los buenos modales que le indicaba el tío José Víctor y también la picaresca, soportando alguna sustracción desagradable. Recuerda servir a los jugadores del Valencia cuyo autobús paraba aquí cuando iban o volvían de jugar los partidos de Primera División de la Liga. Recuerda especialmente a Puchades y Pasieguito. Después trabajó de camarero en un bar de General Ricardos, pasando a trabajar de camarero de sala, mayordomo, en casa del Presidente de la Federación de Futbol. Más tarde formó parte junto a numerosos fuentidueñeros de los 1400 trabajadores de la plantilla de Isodel- Sprechel, empresa dedicada a accesorios eléctricos industriales. La crisis económica que atravesaba España en los primeros años de la Transición afectó a la empresa con apoyo tecnológico suizo y financiación de Banesto. El descontrol y mala gestión de la Dirección de aquellos años llevó a presentar un expediente de crisis con el consiguiente despido de trabajadores. Alejandro jugó un papel importante apoyando al Comité de Empresa en las reivindicaciones de los trabajadores para conseguir unas indemnizaciones adecuadas por despido.
Después fue taxista con licencia propia que con su ingles básico le daba un incentivo sustancial.
Casado con Gema, zamorana de la comarca de Puebla de Sanabria, apadrinada en Madrid y por ende fuentidueñera. Tienen dos hijas, María José, profesora de música. Formó parte junto a Jesús y Dolores de “+ que dos”, un grupo musical local que actuaba en bodas y eventos festivos; la otra, Estela es profesora deportiva de FP y jugó en el TELICO, equipo de Primera de boleibol, siendo seleccionada para los JJOO de Barcelona 92. Un Orgullo para todos los de aquí. El Ayuntamiento le otorgó el título de Ballenera Mayor equivalente a hija adoptiva de Fuentidueña.
Alejandro es un deportista nato. Jugó toda su vida al futbol aficionado y de veteranos. Le gusta entrenar a los chavales, al tiempo que les da buenos consejos cuando el tiempo se lo permite.
La pareja y sus hijas son una familia asidua del pueblo, integrados en el ambiente social, y asiduos a los paseos. Él tiene su tertulia de amigos y compañeros, que le tienen al día de los pormenores del municipio. Allí imparte sus “lecciones magistrales” de mecánica o de distintas materias, tanto en los corrillos de la esquina o mientras toman el aperitivo de mediodía.
Para recordar tiempos pasados quedamos a tomar un café y allí recordamos las anécdotas de toda clase, del juego de niños con las espadas, de la época de monaguillos y la picaresca que conlleva. Ya se sabe “Si quieres tener un hijo…”, de Don Germán el cura y sus “malas pulgas”.
Alejandro tenía unas cualidades innatas de gran dibujante de historietas, del Guerrero del Antifaz, de Roberto Alcázar y Pedrín o Hazañas Bélicas. Hablamos de los juegos en la plaza, de los baños en el río. También de las diferencias sociales, de su tío Julián Saldaña que trabajó en el Casino de Madrid; de su hermano Pedro reconocido sacerdote amante de su pueblo. Terminamos sentados en la Plaza recordando a Timoteo el alguacil y su perro, que cuando se cruzaba con chavales se hacia el cojo…
Es bonito rememorar la vida de personas como Alejandro, un hombre sencillo y honesto, con criterio propio.

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