El auténtico centro de reunión

José Balboa

0 153

No es el primer escrito que dedico a tan entrañable amigo, pero siempre he hablado de él en su vertiente venatoria. Hoy, no. Quiero recordar a José Víctor de la Plaza, en esta noche primaveral, como el gran peluquero, por cuyas manos pasamos los que por aquel entonces éramos jóvenes y algo menos jóvenes o muy jóvenes.
Había a la sazón, en Fuentidueña de Tajo, dos peluquerías, la del tío Fulgencio, donde iban las personas más serias o de más edad y la de José Víctor, donde, como digo, se reunía la juventud de Fuentidueña. Se llenaba, la no muy amplia sala que servía de peluquería, con todos los jóvenes de Fuentidueña, fueran a cortarse el pelo o no. Mientras José Víctor cortaba o afeitaba, que ambas cosas realizaba el carismático Fígaro, su peluquería se convertía en el foro del pueblo. A la caída de la tarde y en las primeras horas de la noche, mientras él se dedicaba a sus quehaceres, la mocedad de Fuentidueña repasaba al calor de la estufa, todos los aconteceres del pueblo, en sus vertientes de todo tipo.
Se hablaba del campo, de las mozas de los chismes que iban de boca en boca y algunos que allí mismo se generaban. Los comentarios subían de tono cuando el tema lo ocupaba el fútbol. Y no digamos las discusiones
que suscitaba el enfrentamiento de Merengues y colchoneros. Ahí es cuando ardía Troya, pero nunca la sangre llegó al Risco ni a la chorrera. José Víctor dejaba hacer hasta que veía que algo se desmadraba si alguien se salía de madre. con una de sus sapientes sentencias ponía paz y se restablecía la normalidad. Gran barbero, estupendo amigo, excelente cazador y mejor persona.
Solo unas pinceladas de su faceta de cazador. Mejor, lo dejo para el próximo número de La Fuente de la Dueña. Un abrazo queridos amigos.
Antes de despedirme, os anuncio que muy pronto me acercaré a mi pueblo de adopción para presentar mi próxima novela MERECE LA PENA.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.