Al ritmo de «mayos» nos fuimos a la Ermita

Daniel de la Plaza

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A mediados de febrero, un grupo de cantantes y músicos bajo la batuta de Jesús Ruíz, empezaban a afinar la melodía de los tradicionales cánticos. Una selección minuciosa de las canciones en honor a la Virgen y muchas ganas fueron los ingredientes necesarios. Un equipo amplio y de varias generaciones han sido los encargados, por segundo año consecutivo, de dar calor a la tradición casi extinguida.
Las semanas fueron pasando y el 1 de mayo llegó. Al son de guitarras y bandurrias muchos mayores se emocionaban al ver una iglesia cantar así de fuerte. Como la tradición dice, se volvieron a cantar en la plaza del pueblo y, al terminar, se ofrecieron pastas y café.
A la mañana siguiente, sobre 10:30 subían las andas dirección a la Ermita de Alarilla. Muchas más personas esperaban arriba para la misa. Entre charlas y recuerdos de la niñez, el olor de la paella abría el apetito. Amablemente los miembros de la Hermandad se encargaron de repartir café y pastas para el bingo de la tarde. Premios llamativos y sobre todo risas en los alrededores de la Ermita.
Después de cantar los mayos de nuevo y de varios ¡Viva! ¡Viva! todo el mundo ponía rumbo hacia el pueblo. En el puente, la Banda de Fuentidueña aguardaba a la Virgen de Alarilla para acompañarla durante el recorrido hasta los soportales de la iglesia. Al llegar, la Hermandad cerraba las jornadas de la Romería 2018 con un convite al unísono de la banda.

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