¿Has vivido ya?

Mayca Margon

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¿Cuánto?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿por qué? Y ¿quién ha promocionado, alentado, protegido e incluso eternizado la vida? Nacer es motivo suficiente para causar la muerte. Morir es la consecuencia innata de haber vivido. Convocar a la vez el tiempo y el espacio que el fin mismo de vivir ocupa es una realidad a medias. Reiniciar espiritualmente el acto en sí de morir mientras es anulada la existencia es una ilusión sin concluir.
Las verdades arrogantes a medias y las mentiras piadosas completas son imposturas creadas para el bienestar de las conciencias. Se vive ya y ahora y la vida nos vive eternamente, creando terrenos contradictorios entre el fin de la existencia y los secretos que guarda la muerte. Entre tanto el tiempo sigue esperando. Has vivido ya porque te han reconocido, porque guardan tu esencia en la memoria, porque se recuerdan tus anécdotas y se olvidan tus fracasos,
esos fracasos que te sirvieron para formarte auténticamente como persona. Porque el muro que construiste
sigue protegiendo a los que quieres, porque los que quieres te siguen queriendo. Y has dejado tus huellas, las de tus zapatos y las de tus manos como el ADN que te identifica, y están incrustadas tus miradas en las paredes que te cobijaron. Flotan alrededor de tus sombras los pensamientos que te aturdieron.
Se agranda en el espejo el aura que te ha acompañado siempre, pero que se hacía más pequeña cuando te mirabas en él, hasta robártela, pues en el otro lado la intuición ya te esperaba. Has vivido ya porque se oyen tus risas, las más espontáneas y las más delicadas, cuando caen pequeños momentos felices como lluvia de primavera. Porque tus palabras grabadas a punta de sabiduría recogen el color de la esperanza. Porque sigues escuchando mientras diriges tu delicada mente al infinito, y te aferras a las puntas aladas de tus seres queridos, y es que no quieres desaparecer del todo. Nunca, pero no lo sabes, será permitido que cada célula de la piel o cada átomo que compuso tu
cuerpo se desvanezca mientras estén latiendo los corazones a los que te arrimabas con la precaución de insinuarte, reclamando que no te olvidaran.
Imposible. Se vive en ti por cada nube en el cielo, en los charcos del suelo, en el viento que mueve las hojas de los árboles que rodeaste en un abrazo.
El olor de las flores frescas en jarrones de barro. El agua bebida que contiene la jarra de cristal. La sopa caliente de las noches frías. Las zapatillas desunidas esperando tu regreso.
La cama, el lecho, refugio del insomnio acechante y cruel que ahora vaga como fantasma que ya no asusta.
Viviste de paso y de paseo, con el silencio gritando a voces tus desventuras y el movimiento de tu cuerpo revelando por tus andares las sonrisas que no dibujaban tus labios, sonrisas deshaciendo el velo que ocultaba tu mirada a la vez que tus ojos derramaban chiribitas brillantes como lágrimas. Las mismas que hoy entrego.

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