La farmacopea china

Tomás de Blas

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En 1931, la Liga de Naciones estableció en Ginebra un comité especial para emprender un estudio global sobre la MTC, con lo que esta medicina milenaria empezó a ser objeto de investigación científica en el mundo
occidental. Desde entonces, la ciencia médica occidental ha confirmado muchas de las prácticas de la MTC.
En 1949, la Constitución de la nueva República Popular China decide convertir la Medicina Tradicional en la medicina del pueblo, por lo que debe desarrollarse simultáneamente con la medicina moderna.
La MTC es un sistema médico fiable y sus costos clínicos no son altos. Su sencilla aplicación y la ausencia de tecnologías complejas permiten enseñarla y difundirla, a niveles básicos y con una cierta facilidad, entre los comités sanitarios y de barrio que el nuevo gobierno comunista impulsa. Por consiguiente, desde la fundación de la República Popular de China, la Medicina China Tradicional se ha desarrollado en forma sostenida, de manera que para fines de 1995 había 2.522 hospitales de MTC con un total de 276.000 camas y la mayoría de los hospitales generales tenía un departamento dedicado a esta medicina. Asimismo, en 1995 se contaba con 940 fábricas y plantas para la fabricación de los medicamentos herbarios. Por otro lado, mientras la MTC continúa
difundiéndose en el sistema sanitario occidental, científicos y médicos de las universidades y hospitales chinos
realizan rigurosos estudios científicos sobre la eficacia y seguridad de las diferentes modalidades terapéuticas que
incluye la Medicina Tradicional China (fitoterapia, acupuntura, moxibustión, masaje energético y chi kung), lo
que contribuye en gran medida al desarrollo y difusión de la MTC en todo el mundo. A partir de los años setenta, la OMS empieza a prestar atención a los éxitos alcanzados por China en la solución de sus problemas de atención primaria y en 1975 crea el Programa de Promoción y Desarrollo de las Medicinas Tradicionales.
El repertorio de medicamentos chino es una de las fuentes más amplias (más de 7.000 especies de plantas medicinales) y mejor documentadas que existe; además, goza de un uso continuo. No sólo incluye principios vegetales, también constan especies minerales y sustancias animales. Hasta que en 1975 la OMS empezó a prestar
atención a los éxitos alcanzados por Oriente en la buena solución de las enfermedades, la estrategia seguida en la República Popular China consistió en el reconocimiento del valor intrínseco de su propia cultura médica y
del conocimiento sobre la utilidad curativa de las plantas medicinales preservada durante milenios. Para ello incorporaron el herbolario en la medicina oficial, lo que permitió hacer una valoración informativa de investigación clínica de las plantas medicinales utilizadas.

En concreto, China, Japón y Corea cuentan con una permanente investigación química y farmacéutica de
los productos herbarios usados por la población y una constante evaluación clínica, como las llevadas a cabo en el hospital de Beijing en China. Sin embargo, sin dejar de reconocer la necesidad de contar con una permanente investigación química y farmacológica de los productos herbarios usados por la población o recomendados por los acupuntores, se optó por realizar, como primer paso para seleccionar los recursos vegetales que deberían investigarse, la evaluación clínica; es decir, se invirtió el método de investigación: Primero se confirmó la utilización
terapéutica del extracto o tisana de uso popular y, a partir de la información clínica obtenida, se desarrolló el nuevo medicamento con estudios clínicos y farmacológicos complementarios.

Uno de los mejores ejemplos de la acertada estrategia de investigación fue la realizada con Artemisa annua (qinghao), medicamento antimalárico que resuelve el problema de las resistencias a la quinina y sus derivados.
El qinghao se ha utilizado en China durante más de 2.000 años. La investigación se inició en 1973 con la utilización del extracto original, administrado por vía oral a 2.099 enfermos de malaria. Esto se hizo bajo un estricto control médico en 12 hospitales: el 98% de los pacientes se curó. Frente a tan contundente resultado y reuniendo una detallada información clínica sobre el efecto observado, se aisló el compuesto activo en los 6 siguientes meses de trabajo. En sintetizar el compuesto y varios derivados se tardó un año. Unos 4 años después se conoció el mecanismo de acción de los productos obtenidos y se industrializaron los derivados más eficaces, artemisinina y arthemeter.
El desarrollo de medicamentos bajo la estrategia oriental no se ha limitado a la utilización de principios activos obtenidos de la planta cuyo uso en la medicina tradicional estaba bien documentado, sino que también incluye la valoración de plantas en uso por la población actual. Como resultado se reconocen plantas medicinales como Ligusticum chuanxiong, para la angina de pecho; Crataegus oxycantha, para accidentes cerebrovasculares; Angélica sinensis, útil en el tratamiento de las hepatitis; Rhizoma cynanchi stauntoni, útil en las bronquitis crónicas; Xiang shi qing jie, de acción antibiótica; Qingyangshen, contra la epilepsia mal controlada, etc.
Pero, además, también se estudió el valor terapéutico de combinaciones de plantas medicinales de tradición popular mediante estudios clínicos y posteriores investigaciones químicas y farmacológicas. Así, Kampo mezcla diversas plantas y es útil para estimular las defensas y como coadyuvante en el tratamiento del cáncer; Shimotsu-to es una combinación eficaz contra la inflamación crónica; Nao Li Su combina cinco plantas que incrementa el número de glóbulos rojos en las anemias crónicas del anciano, y Nao Yi An, complejo efectivo en la prevención y tratamiento de hemorragias cerebrales.
Gracias a este constante trabajo de investigación y evaluación de la calidad, la inocuidad y la eficacia de las plantas medicinales, la edición de la Farmacopea de la República Popular de China de 1990 incluía 784 artículos sobre los medicamentos chinos tradicionales y 509 artículos sobre los medicamentos chinos patentados.
Las monografías describen la fuente o las sustancias usadas, las prescripciones, los métodos de preparación, la identificación, el examen, la extracción, los efectos y las indicaciones, así como métodos principales de uso, dosificación y precauciones.

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