La familia Gómez Cuétara: de Villarejo de Salvanés al caso Villarejo

Eduardo B - Vanity Fair

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“Estoy mejor formada que mi abuelo. Él quizá chupaba el cuchillo”, se sinceraba Mónica Gómez Cuétara en una entrevista concedida a Vera Bercovitz y publicada en Vanity Fair a principios de 2018. Esta empresaria, miembro de la alta sociedad internacional, educada en un internado suizo, criada en California y que reparte su vida entre Miami y Madrid “dependiendo de los proyectos” que le surjan, es la tercera generación de una de las sagas empresariales más importantes de España: Galletas Cuétara.

Más de un siglo después de la creación de la compañía, los herederos Cuétara son noticia por sus exitosos emprendimientos, la elegancia de sus residencias decoradas por interioristas de la talla de Reyes Pérez Renovales, o por sus relaciones sentimentales. “Me enamoro con facilidad”, reconocía Mónica Gómez Cuétara para explicar por qué lo dejó todo por amor y se trasladó de la isla mexicana de Cozumel a Madrid para casarse con Alberto Palatchi, propietario de Pronovias.

Sin embargo, en los últimos tiempos, esa vida muelle y regalada de los Cuétara se ha visto empañada, no por Mónica y su relación con Palatchi, sino por Silvia, la más conocida de sus cinco hermanos y un turbio episodio en el que se mezclan intereses familiares, traiciones, herencias multimillonarias y uno de los personajes más oscuros de la historia española reciente: el excomisario José Manuel Villarejo.

Coloniales y ultramarinos

La historia de los Gómez Cuétara comienza en 1916, fecha en la que Juan Gómez Cuétara decidió abandonar su Cantabria natal y cruzar el Atlántico para establecerse en México. Después de una larga travesía, ese hombre que no se sabe si chupaba o no el cuchillo, pero que seguro que se ayudaba de una navaja para cortar las hogazas de pan, el queso y el embutido durante el viaje, arribó a las costas de México.

En la capital del país comenzó a trabajar en el colmado de sus tíos hasta que, ayudado por Florencio, uno de sus hermanos, decidió establecerse por su cuenta y montar, en 1935, La espiga de oro, fábrica de derivados del trigo en la que producían galletas y pasta alimentaria para sopas y especialidades italianas.

La buena marcha de la compañía y el prestigio que los hermanos habían adquirido en el lugar, hizo que decidieran capitalizar su nombre y ampliar el negocio. De esta forma, La espiga de oro pasó a llamarse Galletas Gómez Cuétara y, a la factoría de ciudad de México, se le sumó otra en la localidad de Veracruz en 1945.

A pesar de ese éxito empresarial, el fallecimiento de dos de los hermanos Gómez Cuétara, la inestabilidad política de México y la nostalgia de Cantabria provocaron que, apenas un año después de haber abierto la sede de Veracruz, Juan y Florencio decidieran regresar a España, establecerse en Reinosa y seguir trabajando en lo que mejor sabían hacer: galletas.

En menos de una década, Cuétara se convirtió en un fuerte competidor para las marcas nacionales. Aunque a mediados de los años 40 aún había restricciones de materias primas como la harina, los Gómez Cuétara supieron optimizar los cupos que le asignó la administración franquista. Mientras que el resto de marcas se limitaban a producir galletas María, ellos introdujeron en el mercado nacional variedades que habían conocido en México, como las cookies o las crackers. Además, cuando les fue denegada la autorización de abrir una nueva fábrica, lo que les hubiera reportado más harina, decidieron fundar una fábrica escuela. Una solución que, además de formar al personal de sus fábricas, les permitía obtener ese deseado aumento en el cupo de harina que les había sido negado en un primer momento.

Superada esa etapa inicial con muy buenos resultados, Cuétara encaró su expansión coincidiendo con el desarrollismo español de los años 60. Abolidas ya las cuotas de materias primas, gracias a la mejora de la economía mundial tras la posguerra, en 1963 lanzó su popular Surtido Cuétara, que fue a sumarse a las Napolitanas de azúcar y canela o a las rústicas Campurrianas y, poco después, inauguró en la localidad madrileña de Villarejo de Salvanés la que, a partir de entonces, sería su principal factoría.

Villarejo para bien y para mal

Como si de una broma del destino se tratase, Villarejo será clave en la vida de los herederos de Juan Gómez Cuétara. El de Salvanés les proporcionará fama y riqueza; el excomisario les provocará algunos de los peores momentos vividos en los últimos meses.

Construida entre 1964 y 1966, la fábrica de Villarejo de Salvanés ha sido la joya de la corona de Cuétara. Inicialmente dotada de quince hornos, en 2005 se pusieron en marcha cinco más, para lo cual hubo que acometer una renovación y ampliación de las instalaciones, las cuales fueron inauguradas por Juan Carlos I, la ministra de Agricultura, Pesca y Alimentación Elena Espinosa y el consejero de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes.

La prosperidad obtenida durante los años sesenta por la empresa familiar permitió a los Gómez Cuétara adquirir otras compañías, como Bolachas Portuguesas, convertirse en la empresa del sector más importante de la Península Ibérica, y encarar la década de los 70 poniendo en marcha otros negocios también en el rubro de la alimentación.

Sin ir más lejos, Florencio Gómez Cuétara, hijo de Juan Gómez Cuétara y padre de Mónica y Silvia Gómez Cuétara, adquirió en 1970 Chips Ibérica, S.A., compañía a la que cambiaría el nombre por Risi y con la que se convirtió en un referente de los aperitivos y snacks en España.

Los años 80 se caracterizaron por la salida de un ya anciano Juan Gómez Cuétara de la empresa que, a pesar de ciertas dificultades, superó el traspaso de poder entre la primera y la segunda generación gracias a la adquisición de marcas competidoras y a la fusión con otras compañías hasta que, finalmente, Cuétara fue adquirida en 2015 por Adam Foods.

Todas esas operaciones empresariales no hicieron más que aumentar las arcas de los Gómez Cuétara, cuya tercera generación, de la que forman parte Mónica, Silvia y sus otros tres hermanos, ya no se dedica al negocio familiar sino a sus propios emprendimientos en España, Estados Unidos y México, el país donde comenzó todo.

Ambiciones

Además de Cuétara, en México nació el multimillonario Carlos Slim, amigo íntimo de Luis García-Cereceda, importante empresario dueño de Procisa, empresa constructora de la exclusiva zona residencial madrileña conocida como La Finca.

García Cereceda estuvo casado en primeras nupcias con Mercedes López, de cuyo matrimonio nacieron Yolanda García Cereceda y Susana García Cereceda. Tras el divorcio de su primera esposa, el empresario se volvió a casar, esta vez con Silvia Gómez Cuétara, hermana de Mónica y, como ella, tercera generación de los Cuétara.

La repentina muerte de García-Cereceda en 2010 por un tumor cerebral desencadenó una lucha entre Susana y Yolanda así como con la viuda del empresario. Un desagradable enfrentamiento en el que no faltaron procesos judiciales de incapacitación mental, pérdida de la custodia de los hijos, amenazas de desahucio y chantajes. En 2013 aparece en escena Villarejo, esta vez no el de Salvanés, sino José Manuel, el comisario corrupto.

Susana García Cerecera, propietaria del 51% de la parte de las sociedades legadas por su padre y heredera de una fortuna de más de mil millones de euros a repartir con Yolanda García Cerecera y su madrastra, recurrió a Villarejo para, según su abogada, investigar a una empresa de la competencia, pero según los abogados de su hermana y la Fiscalía, conocer la vida privada de su hermana, el marido de ésta, el arquitecto Joaquín Torres y la viuda de su padre. El excomisario le ofreció averiguar si Silvia Gómez Cuétara había rehecho su vida sentimental y hasta dónde sabía la viuda de la existencia de bienes de su padre que no habían sido incluidos en un primer reparto de la herencia de García Cereceda y, según audios transcritos en el auto de la causa por la que Susana García-Cereceda fue detenida en mayo, como explican Eva Lamarca y Mónica Parga en su reportaje Espías en la finca, publicado en el número de noviembre de Vanity Fair, ella se mostraba muy interesada en indagar en su vida íntima.

Villarejo asegura en esos audios que podría desvelar secretos íntimos de la vida de Gómez Cuétara, que mantiene desde hace 5 años una relación con Juan Antonio Pérez-Simón, rico empresario asturiano socio de Carlos Slim y del círculo íntimo de su marido fallecido, Luis García-Cereceda. Según esos mismos audios, Villarejo además compró un informe supuestamente encargado por Silvia Gómez Cuétara a la conocida agencia de detectives Método 3 para conocer el patrimonio real de la herencia del empresario de La Finca. Todo esto salió a la luz en la investigación del Caso Land, por el que Susana García-Cereceda fue detenida y que el juez Diego de Egea ha sobreseído provisional y parcialmente, aunque Fiscalía y acusación piden su reapertura.

Hoy, mientras la rica heredera continúa en libertad, el excomisario permenece en prisión preventiva en Estremera, centro penitenciario separado apenas 25 kilómetros de Villarejo de Salvanés, localidad en la que Cuétara sigue horneando sus conocidas galletas.

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