Ser abstemio está de moda

Por Luis M. González

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El martes de la fiesta “acabó el verano” en Fuentidueña con la última carretilla en la Plaza y el olor a pólvora en las calles adyacentes. Los fogonazos marcaron las paredes dejando huella y constancia del hecho por varios días. El frenesí llegó a su fin y pasados esos días, dio lo mismo que lloviera.

En un hilo estuvo la Procesión y la merienda en la Ermita. La de Alarilla salió el sábado dos veces por la puerta de la Iglesia. Estuvo rápido Nacho, el Presidente de la Hermandad, con el plástico para cubrirla del diluvio. Fueron diez minutos intensos de lluvia que calaron a músicos y gentío. Fueron 10 minutos intensos… y ya.

La rutina se impone en las calles después de un verano ajetreado y de su final, siempre intenso celebrando la Fiesta de la Patrona. El ruido en las terrazas se sosiega y los locales de peñas se aletargan. Se alarga agosto, el mes más largo del año en el lugar. Empieza septiembre a mediados de mes. Y metido en faena, una mañana de final de mes oigo con admiración una noticia que me despierta.

El último estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que “El consumo de alcohol en Europa está en descenso”; que “Crece el número de jóvenes abstemios entre la población española”. Termina diciendo que “Se detecta una tendencia que llega a moda, la abstinencia del alcohol entre los jóvenes” y “Que en España el 30% de los jóvenes ya se declara abstemio” apuntando a causas relacionadas con la tendencia a llevar una vida sana y saludable y con el culto al cuerpo.

Buena noticia.

Unos días después apareció en los medios la propuesta de la OCU que lanza una campaña para obligar a bares y restaurantes a servir agua del grifo gratis para los clientes. La Asociación de Consumidores la justificaba diciendo que “Se debe ofrecer agua del grito por ética, ya que el agua es desde 2010 un derecho humano reconocido por Naciones Unidas; por salud, puesto que tener acceso a ella de manera gratuita promueve hábitos de consumo saludables; y por ecología, dado que las botellas de plástico generan enormes cantidades de residuos».

Otra buena noticia.

Sobran las razones para justificar una y otra.

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