«Haciendo guantes» con Juan A. Gonzalo

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Pedro Mora

Juan Antonio Gonzalo es natural de Fuentidueña. Nació en La Plazuela y allí vivió 4 años. Recuerda sus primeros juegos con José “el hijo del herrero”. Más tarde se trasladó al Bº del castillo con la abuela Constanza. Fue a la Escuela con d. Silvino y con d. Antonio, aunque dice con cierta tristeza: “Yo pase por la escuela pero la escuela por mí no”. Nos reímos al tiempo que recuerda a otros de su edad.
Pasados unos años se trasladó a Madrid. Allí trabajaba su madre Margara, que se había quedado viuda de Toribio cuando Juan Antonio tenía cuatro años. En Fuentidueña se quedaron sus hermanos Jesús, el mayor, y Pedrito
el pequeño.
Nuestro protagonista empezó a trabajar en la cadena “Rodilla” muy jovencito. Nos dice: “Los primeros sandwhiches que se sirvieron los hice yo junto con el propietario en el local de la Plaza de callao. Es curioso, cuando se vio el éxito, desde Galerías Preciados me ofrecieron un contrato más sustancioso para hacer la competencia a Rodilla. Ya había llegado a un acuerdo con ellos pero el boxeo pudo más. Fui a París a disputar un combate y cupido me lanzó una fecha. A los nueve meses me casaba con M. Jesús, mi esposa, y allí me quedé”. Por el bar de Rodilla se pasaban a desayunar todos los días varios profesionales del boxeo y de oírles se aficionó al boxeo. “Me compré todo lo necesario para empezar a entrenar: guantes, casco, zapatillas, camiseta y calzón. compaginé el trabajo y la preparación en el gimnasio del club Juventud durante dos años, hasta que disputé mi primer combate de amateur. Tenía diecisiete años. Era diciembre del 1958 en el circo Price. disputé 59 combates en esta categoría”.
“Hice la mili en campamento en el cuartel de Artillería, es verdad que enchufado ya que estuve de asistente del capitán de la compañía. Por esa razón tenía las tardes libres para entrenar y recibir los consejos deportivos y físicos de los preparadores. Siendo amateur con Juanito Moreno y en profesional con Modesto Magro, dos grandes profesionales.
También tuve las recomendaciones físicas y conocimientos psíquicos de las consecuencias de los golpes, por el doctor Vicente Gil”. Sonríe Juan Antonio con gesto picaresco cuando insinúa las artimañas que hay en el
boxeo: los cordones de los guantes sueltos, pisotones, guantes desgastados, golpes bajos…
Se pone serio cuando habla de su debut como profesional con 22 años el 24 de diciembre de 1962 en el circo Price, frente a Ernesto Torres. Perdió a los puntos, tuvo victorias a los puntos y por K.O.T. frente a José Valero, uno que destacaba entonces. disputó seis años el campeonato de castilla y dice
muy sincero: “No pudo ser. Era estilista, tenía pegada y buen crochet de izquierda. Mi preparador me decía que tenía cualidades pero me faltó decisión y valentía para ser campeón…
También me influyeron negativamente los bajos fondos, los intermediarios y promotores, que se llevaban buena parte de la bolsa. Unos se la juegan, se parten la cara, nunca mejor dicho y, otros se lo llevan crudo. Una vez me ofrecieron una bolsa ridícula por lo que me negué a pelear, no merecía la pena el esfuerzo, luego tenía que trabajar. Pero era tal mi afición que al final “tragué” con bolsas más bajas. Pero aquel día di un puñetazo en
la mesa. Ya sabes esto es como en los toros, algo que tú conoces, los toreros se juegan la vida y los beneficios se los llevan los empresarios y apoderados. Ahí está el caso Talavante.” Se ve que está al día del mundo
de los toros. J. Antonio es muy aficionado. Le gusta Ponce.
“Hice guantes con el padre de Bisbal, con Torres, con Biescas y con Pedro A. Jiménez, que fueron campeónes de España. con Romero Rivas, con José San Matías, Valentín Pérez, Ernesto Torres,… con Revilla. En aquel tiempo me relacionaba con la flor y nata del boxeo madrileño y español. Galiana, Folledo, Sombrita… de aquel ambiente me salió el combate en París y allí me fui. Hice combate nulo pero le gusté el promotor Bretonner y me ofreció seguir combatiendo en las veladas que el organizaba en París y por Europa. disputé 2 en Bruselas, 1 en Dinamarca, 2 en Italia, 1 en
Luxemburgo, 3 en Italia…
Uno de los últimos combates fue en Milán un 31 de diciembre. Habíamos viajado con el promotor y con él debíamos volver a París. Terminada la velada fuimos a buscarle y se había marchado dejándonos allí sin
perras”.
Recuerda Juan Antonio entre sorbo y sorbo de café sus primeros años paseando solo por París hasta que encontró trabajo en una empresa de pulido, de la que llegó a ser encargado general. Dicha empresa realizaba cromados y pulidos para la Renault. Y termina diciendo: “Hay si hubiera sido más estudioso… pero soy feliz, con lo que he logrado, tengo a mi mujer, mis hijos, mis nietos…”

Me acordé de Juan Antonio. Me hacía ilusión conocerle y que nos
diera su testimonio de cuando boxeaba, su experiencia deportiva que sólo habíamos conocido a través del Marca. Hace unos años contacté con él por internet y adquirimos el compromiso de compartir un rato para conocernos, para que nos relatara sus vivencias deportivas. Fue un ídolo de los chavales de aquí, en los años sesenta.
Juan Antonio habla de cómo conoció París recorriendo las calles hasta encontrar la tienda de Anquetil, un gran ciclista del Bº Latino; de los campos Eliseos, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el Louvre. Hablamos de política, de España de cataluña, de Europa… de fútbol (es merengue), de toros, de todo. Dice que se emociona cuando vuelve a España, a Fuenti. Me habla de su vida deportiva y familiar al tiempo que hacemos un recorrido nostálgico por el pueblo: la Plaza de la constitución, la Bajada al Río, el Monumento a la Embarcación, el Puente de Eiffel,… “Aquí estaba la casilla de camineros”, me dice mirando hacia el pueblo. El castillo, el Risco, el río,… Allí se detiene y me dice: “Recuerdo como aprendí a nadar. Mi hermano Jesús me tiro al río en la Peña la Greda y me dijo mueve los brazos y las piernas. Tragué un poco de agua pero aprendí a nadar”.
Me ha encantado el aire sencillo, sincero y progresista de Juan Antonio, un fuentidueñero, un madrileño, un español… afincado en París. ¡Adieu, Adiós. Hasta siempre Amigo!

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