Adiós a “los Chicos del Butano”

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Mª Luz Domínguez

Habían pasado no sé cuántas décadas ya desde que sucedió y hasta hace pocos años los cuatro seguían recordando con una sonrisa el momento. Un momento que había pasadoa anécdota. Yo no sabía a lo que se referían, pero por las sonrisas que siempre veía, la cosa tuvo su miga. Y es que aquel día Marisol Zafra y Gloria Romero fueron a comprar una botella de butano a la tienda de Bienvenido Martínez para una de las dos familias, posiblemente la de Gloria. El caso es que no fueron solas. Iban acompañadas de Victorino del Hoyo y Paquito Domínguez, sus respectivos novios (y a lo mejor es mucho llamar porque la formalidad de la relación aun no era de tan alto grado). Pues eso, que los muchachos las acompañaron, pero “olvidaron” ofrecerse para cargar ellos la botella y ayudarlas de camino a casa…la caballerosidad brilló por su ausencia, pero nació la anécdota. Años después casi siempre que se encontraban con tiempo lo recordaban. Ellas afirmaban que eran otros tiempos porque si hubieran sido estos la historia hubiera sido bien diferente…

Hace unas semanas se marchaba Victorino del Hoyo. Casi cuatro años después que Paquito. la vida, esa que da tantas vueltas, ha hecho que “los chicos de Butano” se hayan ido demasiado pronto. Disfrutaron de muchas cosas, pero les faltó disfrutar de una última etapa bien merecida. La triste enfermedad les puso muy a prueba. Yo soy de ese 37% al que no le gusta la palabra “lucha” para referirse a enfrentarse al tratamiento de una enfermedad, porque no hay ganadores ni vencedores, ni luchadores o no luchadores. Hay pacientes y dentro de éstos están los que los que confían en la ciencia, en los médicos, los que cumplen a rajatabla horarios, toma de medicinas etc. Ni una queja oí de “los chicos del Butano” por estar largas estancias en el hospital, por estar aislados, por someterse a una u otra prueba. Lo hacían porque confiaban en los profesionales de la medicina, por recuperarse, por volver a ser más fuertes y con un único objetivo: vivir. El destino les tenía preparado acabar en sepulturas contiguas. En lo alto del pueblo, descansando para siempre en Fuentidueña, el lugar que fue testigo de una vida que fue plena. Aquí se quedan “las chicas que portaron la botella”. La caballerosidad que aquel día no tuvisteis la demostrasteis mucho después siendo maridos, padres y abuelos ejemplares. Ellas seguirán cargando…esta vez con la pena, pero con el recuerdo y el orgullo de lo que fuisteis

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