Arcilloterapia

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Tomas de Blas

La arcilla, tierra que contiene y puede aportarnos los principales minerales presentes en la naturaleza, tiene una afinidad con el medio interno del organismo que ha hecho de ella un remedio curativo utilizado a lo largo de los tiempos y por todas las culturas.

La medicina egipcia, la griega y la árabe se hicieron eco de sus beneficios para la salud, aplicándola en gran diversidad de dolencias como heridas, quemaduras, infecciones de la piel y problemas inflamatorios.

De la arcilla se dice que es un almacén de minerales, sales solubles, sustancias orgánicas y energía que acumula a través de las radiaciones solares y de las procedentes de los minerales que contiene. Igualmente se considera un magnífico catalizador en diversas reacciones químicas corporales.

Sin embargo su característica más desconocida es su capacidad de crecimiento cristalino, por lo que se la califica de sustancia viva, situándose entre la frontera del mundo orgánico e inorgánico.

Como sustancia viva, la arcilla a diferencia de las sustancias químicas, tiene la capacidad de actuar de forma selectiva sobre el organismo, capturando las sustancias nocivas y agentes patógenos, pero siempre respetando el medio interno corporal, sin ejercer ningún efecto nocivo sobre este. En este sentido actúa de forma diferente a los medicamentos de

origen químicos los cuales desempeñan una acción más agresiva e indiscriminada, ya que eliminan tanto microorganismos patógenos como beneficiosos y dejan el sustrato sobre el que actúan desprotegido y sin defensas.

Gracias a sus propiedades en ella crecen plantas y frutos que serán base de nuestra dieta y es el sustento donde crecen las plantas que utilizamos con fines terapéuticos, por el aporte de nutrientes es también sustrato y abono de las cosechas y aporta minerales al agua y ejerce un efecto regenerador en el organismo.

De la arcilla destacamos los siguientes efectos terapéuticos:

– Acción depurativa: Tiene un poder de absorción que actúa como una esponja fijando las sustancias tóxicas que se encuentra en el tracto intestinal, en suspensión o adheridas a los tejidos, facilitando su drenaje y eliminación.

– Acción antibacteriana y antiséptica: Eficaz en la captación de bacterias, virus y agentes patógenos que se encuentran en el organismo.

– Acción remineralizante: contiene a nivel químico los numerosos minerales que necesita el organismo, como sílice, alúmina, calcio, potasio, magnesio, hierro, etc…

– Acción sedativa: calmante en procesos inflamatorios, heridas, quemaduras, edemas, úlceras e incluso en estados de irritación del sistema nervioso restituyendo el equilibrio.

– Acción regeneradora y revitalizante: La energía que posee deriva de aquella que le aportan sus componentes orgánicos e inorgánicos, al igual que de sus extraordinaria capacidad de absorción de las radiaciones solares, del agua y el aire en forma de magnetismo, electricidad y calor, lo que otorga al organismo vitalidad y fuerza.

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