¡¡Madre!!

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Vicente Terrés

Bernardina Garillete García nació el 12 de junio de 1928, casi en el ocaso de la dictadura de Primo de Rivera. Sólo con tres añitos fue testigo infantil de las elecciones del 12 de abril del 31, del triunfo municipal de las izquierdas y a su vez, de la caída de la Monarquía, también de la creación del gobierno provisional republicano. De los casi seis años de II República se enteró de poco por su temprana edad de los devaneos políticos de la época, (recuerda que su padre, Serafín Garillete, era un revolucionario, que le visitaban personas trajeadas que hablaban de la situación política y económica de nuestro país). A principios del año “36”, con ocho años, todavía recuerda una canción popular de aquella época: El 16 de febrero, tenerlo muy en cuenta, terminaron de mandar en España las derechas, Gil Robles tuvo la culpa de todo lo sucedido, y el “c.b.ón” de Salazar por haberlo consentido, “Ay, ay, ay, tiran a un burgués. Ay, ay, ay, en qué estado te ves. Ay, ay, ay, que viva nuestra unión que somos socialistas hasta el corazón…”

Lo que vino después, con el tiempo, le heló su joven corazón de adolescente temprana: su padre fue llamado a filas en el bando republicano (no podía ser de otra manera) en el último año de Guerra civil y por esto pagó 11 años de cárcel. Su madre Mercedes, ella y su hermano menor Serafín, sufrieron toda clase de penurias, hambre, miseria y muchísimas necesidades básicas… A los pocos años de su liberación, vio morir a su progenitor de tuberculosis. ¡Qué poco disfrutó de su compañía! Así sobrevivió a la guerra y lo que fue peor, a la Posguerra. Todavía recuerda el “año del hambre…” Padeció la Dictadura de Francisco trabajando, sirviendo y limpiando en casas pudientes y en el campo en todas las tareas temporales (¡Si no se puede segar, se espiga!).

Muy jovencita, mi padre, Pedro Terrés y ella se hicieron novios. Nunca conoció a otro hombre y le quiso (todavía le quiere) con toda su alma y todo su ser. Se casaron cuando ella tenía 23 años. Su primer hijo, Pedro, lo tuvo con 25 años. A los 5 años siguientes nací yo, Vicente. Y José Luis a los 5 años después. Todos nacimos en la cueva que excavaron en el cerro su padre y su marido en el Barrio de la cruz. Hacia el año “72” nos adjudicaron una casa en la colonia de San Andrés, esto supuso un cambio extraordinario de calidad de vida: de vivir en la cueva a ser la “Regente” de su propia casa, moderna, con agua corriente y caliente, (ya no había que subir por aquellas cuestas el agua potable desde la fuente pública en cántaros, con la carretilla de madera que mi padre construyó con sus propias manos) la casa está dotada de dos servicios (ya no había que subir al cerro) y uno de ellos con bañera grande (ya no había que poner el barreño de zinc lleno de agua al sol para bañarnos). Ella ha dicho siempre que aquello era un lujo: fregar los cacharros en la pila de la cocina con agua caliente y desagüe, barrer y fregar el suelo de terrazo, en vez de cemento, y otras muchas cosas más que la ayudaron a sacarnos adelante con dignidad y muy bien cuidados. la estabilización llegaba a su vida con el trabajo de su marido como guarda del canal de riego, ella que no paraba y nosotros que empezábamos a trabajar en la vendimia, la aceituna, los melones, la alfalfa, de camareros, etc. Que yo recuerde nunca la había visto así. cuando vino la Democracia fue uno de sus momentos más plenos, viviendo aquellas fechas con intensidad, con alegría, ya se podía salir a la calle a gritar, con respeto, a expresar sus sentimientos e ideales sin miedo, sintiendo en su cara el viento de la libertad tantos años negada por el poder establecido absolutista. Expectante y con recelo siguió la muerte de Franco, la llegada del Rey Juan Carlos I, el Referéndum del “76”, las Elecciones Generales del “77”, el gobierno de Adolfo Suárez -CDS-, el Referéndum de la constitución del “78”, la Transición…

En 1979, se ganaron las Municipales en Fuentidueña (5 concejales de PSOE, 3 concejales de A.P y 1 concejal de P.C) y la tía “Ina” se desató en júbilo, sintiéndose importante, participando en todas las actividades políticas, sociales, religiosas y de toda índole; con ganas, sin tapujos, perdiendo en ocasiones hasta el sentido del ridículo, sin perder el buen humor… (la recuerdo en la plaza participando en aquellos concursos infantiles, para mayores, encestando balones, atrapando una manzana, sin manos en un recipiente lleno de agua, etc.).

En el año “82”, en plena campaña electoral, ella fue una de las mujeres socialistas que pararon el autobús de Felipe González en la NIII (“nos le comíamos a besos” confiesa medio turbada). Fue esta fecha un momento explosivo de ilusión y esperanza para sus ideales, ya que por fin, su partido ganó las Elecciones Generales con mayoría absoluta (PSOE 202 diputados). Dieciséis años más tarde, muy a pesar suyo, aconteció el gobierno de Aznar (PP) y más tarde Zapatero (PSOE) le sirvió para renovar su ilusión política, aunque ya nada fuera a ser igual: la muerte de mi padre supuso un bajón anímico y personal muy grande, difícil de superar, (siempre creyó depender de él y era todo lo contrario, ella siempre ha sido el eje de la casa…)

Luego llegó Rajoy (PP) y no le podía ni ver en la tele, “Pero ¡qué dice este tío, no le entiendo “ná”, más valiera que se afeitara, este tío barbudo!”.Ahora con Sánchez (PSOE) está más contenta, verbaliza que le gusta este hombre que siempre lleva el pelo tan bien cortado. Y aquí en su pueblo, con José Antonio Domínguez está encantada: “este muchacho tiene muy buen porte, excelente presencia y me trata muy cordialmente”, palabras textuales.

Bernardina es una mujer buena, humilde, sencilla, razonable, reflexiva, comprensiva con todo y con todos, muy trabajadora, incansable, sincera, directa a veces, positiva, vecina de todo el pueblo, muy agradecida, sin malicia alguna, sin pecados (quizás alguno venial), prácticamente católica y muy participativa en lo social, siempre que ha podido. Los principios de su vida fueron difíciles por la situación política-económica-social del país y de su entorno más cercano, Fuentidueña, su pueblo.

Con el trabajo de nuestro padre y que a ella no se le caen los anillos para trabajar, de lo poco fue sacando adelante su familia: administrando céntimos, multiplicando las sobras (decía que vernos comer a ella le alimentaba), privándose de caprichos, ahorrando de dónde no había, sacando provecho de lo poco (“aquí no se tira nada”). Nos casó a los tres (a mí dos veces), nos ayudó con la vivienda, entre otras muchas cosas, y nos ayuda siempre; nos seguirá ayudando con su legado, con el ejemplo de vida, de adaptación a las circunstancias, de superación de las situaciones, de saber vivir y ser feliz, aunque sea con lo mínimo…

La abuela “Ina” tiene cinco nietas y un nieto, dos biznietas y un biznieto. Su estado actual (después de no haber querido irse a ninguna residencia), es que vive sola, en su casa (nos ha dicho, y yo aquí lo expreso muy finamente, que mientras ella pueda asearse higiénica y personalmente, no necesita a nadie). Hace un tiempo perdió peso porque comía sola y se hacía para comer a medio día que si coliflor con una patata, que si unas gachas (sin panceta ni chistorra), que si un arroz “ajironao” y claro, esto no era el alimento suficiente que contrarrestara la medicación que se toma al día (9 pastillas). Después de arduas conversaciones, conseguimos convencerla para que se viniera a comer a casa todos los días. Ahora ha ganado su peso y se siente fuerte, aunque voy a recogerla para comer, todos los días me dice lo mismo: “¡cuanta guerra os doy, hijos míos!”, y yo le respondo lo mismo todos los días: “¡Entre los tres nos repartimos tu atención y bastante guerra te dimos nosotros a ti, que nos tuviste nueve meses dentro, nos diste a luz, después de los dolores, nos amamantaste, nos vestiste, nos educaste y nos sigues dando tu vida entera sin reservas…!”. Sus fuerzas ya no son lo que eran, “¡con lo que yo he sido y lo vaga que me he vuelto!”. No me canso de repetirle que cuando no se puede no sirve querer, estás bien atendida, aquí estamos tus hijos, para que nos mandes y para satisfacer tus necesidades. Por más que hagamos por ella en vida, nunca podremos sumar todo lo que la debemos…

Me faltaría tiempo, tinta, y papel para seguir expresando lo que siento, lo que sé de ella y todo lo que la necesito todavía… Esto no sólo es “pasión de hijo”, es mi reconocimiento a su valor y a su vida relacionada, tímidamente, a grandes rasgos con el momento histórico que ha vivido cronológicamente.

Madre, cumples 91 años, te felicito por todos estos años de vida, de ejemplo intachable, de comprensión, de cariño y de amor que nos has dedicado a todos los que te conocemos. Te quiero.

Muchísimas gracias ¡¡Madre!!

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