Emotivo adiós al Obispo de Zamora, natural de Villarejo

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C. París

En la iglesia de San Andrés vinculada al Seminario de San Atilano, con el que el obispo de Zamora Gregorio Martínez Sacristán se sentía muy unido, acogió el 21 de septiembre su capilla ardiente, la del del Obispo de Zamora, oriundo del pueblo de Villarejo de Salvanés. Pasaron centenares de personas a despedir al obispo querido.
Ante el altar se encontraba el féretro de monseñor, con mitra y la casulla que utilizó el día de su ordenación sacerdotal, un presente que recibió de su pueblo natal, Villarejo de Salvanés. En ella lleva bordada la imagen de la Virgen de la Victoria de Lepanto, patrona de la localidad. Junto al ataúd se ubicaron los familiares del fallecido acompañados por el vicario general de la diócesis, José Francisco Matías Sampedro, y del secretario particular de Gregorio Martínez, Esteban Vicente Hernández.
“Nuestra tarea consiste primordialmente en sembrar el Evangelio, con nuestra palabra y nuestras obras, en medio de los diversos ámbitos donde se despliega nuestra vida», decía en su último tuit apenas 24 horas antes de su fallecimiento.
En él resume la idea principal de la labor pastoral de quien durante 13 años ha regido los destinos de la diócesis de Zamora, desde que fuera nombrado el 15 de diciembre de 2006 en sustitución de Casimiro López y
tomara posesión el 4 de febrero de 2007 consagrado por Antonio María Rouco Varela.
Este madrileño de Villarejo de Salvanés tenía 72 años. Descanse en paz.

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