«Un momento de esperanza»

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Esteban García

El pasado miércoles -una vez más- conversaba con un muchacho.

Prometía de interesante. avanzaba el acercamiento mutuo, en profundidad, en sinceridad. en un momento, que yo podía considerar como “especial”, tras un abreve pausa, exclamó: “Mira -aquí mi nombre-, tendrías que haberme conocido hace unos años: no soy el mismo. entonces me consideraba como una ……. pinchá en un palo. ahora me siento y soy otro. Gracias a que he encontrado aquí lugar donde me han llamado por mi nombre, un ambiente de familia; se han preocupado por mí, han confiado, me han dado responsabilidad; me han exigido, y también corregido; por encima de debilidades, de fallos, me han ayudado a reconocerlo, a reconocerme culpable, pero siempre capaz de cambiar, de mejorar, de alcanzar metas, de sacrificio por disfrutarlas, de lucha diaria y superación constante para ser ¡mejor persona!”

Y esta escena me ha venido a la mente al poco tiempo de levantarme esta mañana del miércoles 16 de octubre de 2019, unido a las imágenes vistas y palabras escuchadas ayer tarde vividas en Cataluña ese mismo día.

Y acabo de recibir la noticia de estarse preparando la próxima edición de “la Fuente de la dueña”, con el nº 143, y con ella, la reiterada solicitud a la colaboración.

Me he puesto manos a la obra.

Ante lo sucedido en el extremo noreste de nuestra España, como cuenta de un largo rosario de nunca acabar, pueden surgir actitudes como la de ignorarlo, pasar de ello -“mientras no me salpique”-, la de lamentarse, la catastrofista, de decir: “¡adónde vamos a llegar!”,… Y pasar desapercibido lo que en sí está influyendo en nuestro hoy, en nuestro futuro.

En mí, lo primero y segundo anteriormente mencionado, han provocado dos preguntas, y las ofrezco con el deseo de compartirlas y animarnos en la búsqueda de respuestas, y nuestra implicación.

La primera considero referida a los niños y jóvenes de hoy y aquellos que, de bastantes años, los que su aspecto oculta su falta de maduración: ¿Cómo les afectará el ver y oír lo que pudieron ver y oír? ¿Será, como parece que se promueve: “Si no salen las cosas como quiero y deseo… ¡a la protesta, a la rebelión; y si sale violenta, mejor!”?

La segunda es para el resto de los mortales:

 ¿Y yo? ¿Nosotros? Cuando puedo -podemos- dilucidar que las cosas -en este caso decisiones- pueden amañarse al gusto del que ostenta poder, sin control ni límites, sin consecuencias,..

Sin autoridad, sin justicia, sin control… ¿hay Bien, Verdad, Bondad? ¿eso es cosa “de cada uno”, “de las circunstancias”, “del de turno”,…

Me parece que estamos, una vez más, ante una oportunidad de reflexionar, para descubrir hasta qué punto podemos -debemos- implicarnos en cada momento de nuestra vida para lograr ser protagonistas positivos de nuestro momento histórico, de ser sinceros, de “pringarnos” en lo que sucede en nuestro entorno, en nuestra familia, escuela y vecindad, en nuestro barrio, en nuestro pueblo, en nuestros relaciones y momentos de ocio y esparcimiento.

En la búsqueda de un bien común, que no propio, ni de mi grupo, cuanto más claro e independiente de presiones e intereses internos y externos,… mejor.

¡Ánimo en la tarea… de lograr un mundo más verdaderamente “ecológico”!

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