El General Prim. Lo sucidedio del 2 al 6 de enero de 1866 en Villarejo y Fuentidueña

503

Juan Prim nació en Reus el 6 de diciembre de 1814. Hijo de Pablo Prim y Estapé y de madre Teresa Prats y Vilanova. Nuestro protagonista fue Conde de Reus, marqués de los Castillejos y vizconde del Bruch. Fue un militar y político liberal español del siglo xix que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros. Participó en la primera guerra carlista y en la guerra de África. Tras la Revolución de 1868, uno de los hombres más influyentes en la España, patrocinando la entronización de la Casa de Saboya en la persona de Amadeo I.
Prim sufrió un atentado la noche del 27 de diciembre de 1870 en la Calle del Turco de Madrid -hoy Calle del Marqués de Cubas-. Murió el 30 de diciembre.
Iª PARTE.
PRONUNCIAMIENTO DE PRIM EN VILLAREJO
Recogido en los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.
Y estando en la vaguedad de estos pensamientos, vio que de una puerta próxima salió un mocetón airoso y alto comiendo pan y queso… Él la vio y detuvo su paso presuroso. Ella le reconoció al instante y, avanzando hacia él, hizo con alegre acento esta salutación:
-¡Íbero, Iberillo! ¿Tú por estos barrios?… ¿Adónde vas? ¿De dónde vienes? Afable, pero contenido… el muchacho contestó:
-No puedo decirle de dónde vengo ni dónde voy. No me pregunte señora… Con un adiós señora, terminante y cortés, se despidió el mozo, tomando como vivo paso el camino que va del Tajo al Tajuña… Viendo el paso vivo de Íbero y recordando las escenas de Valencia, pensaba que la maniobra revolucionaria no estaba lejos, y decía para sí con cierto alborozo: ¡Prim…Libertad!
Siguiendo a Ibero con la vista… sintió envidia de las misiones secretas que al parecer llevaba… Al volver… pasaron junto a ella hombres a pie…eran caras conocidas; figuras militares vestidas de paisano…A dónde irán estos…A mí no me engañan…¡Prim Libertad!… Los perros ladraban furiosamente. Corrió Teresa a la ventana y distinguió, hombres que pasaban no uno ni dos, sino en gran número. Son gente armada, han pasado el puente y van hacia allá…ya se adónde van…Prim Libertad.
…La mujer siguió por el camino real que partía de Fuentidueña para los pueblos del Tajuña… Pasó junto a una caseta de peón caminero, la caminera le dio pan y aceitunas ofreciendo hospitalidad para pasar la noche… Tenía prisa por llegar al pueblo próximo, Villarejo de Salvanés…Oyó tras de sí formidable rumor de creciente intensidad, como si las aguas de un gran río se desbordasen y corriesen en seguimiento de ella para cogerla y arrastrarla al mar…. El ruido no era de aguas desbordadas, sino de caballos que estremecían la carretera con su trotar vivo, cuadrupeante sónido. Apartose y dejó pasar la ola. Su alterada imaginación le aumentaba la veloz ringlera de corceles, que a su pesar no tenía fin…No entendía, mas bien adivinaba… ¿Prim… Libertad!
Sin duda iban todos hacia Villarejo de Salvanés. Llegaron a mediodía del 2 enero de 1866, al atardecer fueron recibidos por amigos disfrazados de paletos. Dijeron estos que el movimiento se había preparado en Madrid con arte y precauciones muy sutiles, que forzosamente un éxito loco. ¡Ya era tiempo, vive Dios! Se contaba con tropas acantonadas en Leganés, con las del cuartel de la Montaña y con otras que en el mismo día 3 darían el grito en Ávila y Valladolid, produciéndose de este modo levantamientos simultáneos, que el Gobierno no podría sofocar por pronto que acudiese. Se contaba también con la Caballería de Alcalá y con Cazadores de Figueras, que guarnecerían aquella ciudad. En cuanto a los regimientos de Caballería, Calatraba y Bailén, acuartelados el uno en Aranjuez, el otro en Ocaña. El primero estaba cogido por el capitán Bastos y el coronel Melero; el segundo Terrones y Oñoro; los dos amanecerían en Villarejo. La cosa se presentaba esta vez con buen cariz. El general, con Calatraba y Bailén y las fuerzas de Alcalá, caería sobre Madrid, donde gran parte de las tropas de la guarnición estarían ya sublebadas.
De madrugada llegó a Villarejo por el lado de Arganda un coche ligero de los que llaman góndolas. En la puerta de una casa de buen aspecto, propiedad de un acomodado labrador de la villa, descendieron cinco caballeros vestidos de cazadores: eran Prim, Miláns del Bosch, Pavía, Alburquerque, Monteverde y Carlos Rubio. Prim llevaba un gabán con el cuello levantado, se había constipado en el viaje y tiritaba de frio. Monteverde y Miláns llevaban capotes de campo, en cuerpo gentil iba Pavía, insensible a la baja temperatura. Lo primero que preguntó el general al entrar fue si habían llegado los uniformes… No solo habían llegado los uniformes, también comisionados de Comités de provincias y mensajeros que traían interesantes avisos y comunicaciones. Entre estas, agrado mayoritariamente a Prim, la que trajo de Levante un avispado mozo que por su puntualidad y tino, por la ligereza de sus piernas, parecía el hijo predilecto de Mercurio…
Continuará…

× ¡Escríbenos por Whatsapp!