LA PASCUA ECO-SOCIAL

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Guillermo Jesús Kowalski – Lic. en Teología y Ciencias Sociales

La Pascua es el anuncio de la Resurrección de Jesús y junto con él, comienza un proceso “resucitador” para toda la humanidad y la creación. Un proceso de esperanza iniciada por un Dios que no se ha quedado cómodamente en los cielos viendo cómo nos destruimos, sino que ha intervenido en la historia para ayudarnos a ser lo mejor de nosotros mismos, como personas, como sociedad y como naturaleza.

Lo ha hecho con mucho respeto hacia la libertad con la que nos creó y que prefirió en vez de hacernos robots con softwares previsibles, como intenta el paradigma tecnocrático consumista con sus manipulaciones algorítmicas. Dios nos quiere protagonistas, aunque cometamos inmensos errores. Nos quiere parecidos a Él, con inteligencia, voluntad, iniciativa, creatividad.

Él no hace magia, ha intervenido con humildad, haciéndose uno de nosotros, acompañándonos, alentándonos, queriéndonos y sufriendo por nuestros desagradecimientos. Se hizo humano en un miserable pesebre y muere injustamente como un criminal…como tantos en este mundo.  

No nos ha “clasificado” por raza, religión, economía, etc. Ha venido por el equipo entero: el de los humanos. Pero para acogernos a todos y ninguno se pierda, ha comenzado por los más desvalidos. Como una madre que ama a todos sus hijos, pero siempre está más atenta, y ocupada con el que tiene más dificultades y pide a los hermanos mayores con más capacidades que lo ayuden.

Éste es el mensaje del Cristianismo: que la resurrección sólo la experimentamos cuando nos unimos a Jesús en todos y todo, comenzando por los más necesitados porque son los que están más lejos, más “paralíticos”, los que no nos van a dar nada a cambio, los que todos excluyen por lo que sea: “cada vez que hicisteis algo por uno de ellos, por mí lo hicisteis” (Mt.25)

El Papa Francisco en su encíclica Laudato Si explica como la sensibilidad por los pobres también incluye la naturaleza que estamos dañando. Lo ecológico y lo social son indisolubles, como también lo es la persona y la sociedad. El mensaje de Jesús no es para escaparnos de la realidad y sumergirnos en espiritualismos insensibles, sino para asumirla desde su lógica de amor a la vida en todas sus circunstancias.

Frente a tanto escepticismo, cansancio y resignación, la Resurrección nos transmite que la Misericordia y el Amor de Dios son más fuertes y han comenzado un proceso de cambio inmenso en la humanidad, que nos da una esperanza distinta.

En el mundo hay mucha injusticia, mucha maldad, mucha destrucción del planeta, que configuran un “sistema que mata”. No sigamos siendo tranquilos cómplices de este tipo de mundo. Tenemos una compañía nueva que repara las heridas de nuestra maldad personal y grupal, haciéndonos protagonistas de un mundo nuevo. Su Presencia resucitada y resucitadora nos transforma, nos contagia su lógica, sus sentimientos y sus ganas de construir.

Salgamos a buscarlo esta mañana, como aquellas mujeres fueron al sepulcro y fueron las primeras testigos de la Resurrección. La muerte, el dolor, la injusticia, la destrucción del planeta ya no son la última palabra en la historia.

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