Aficionados taurinos en busca de la gloria

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Pedro A. Mora «El Ribereño»

En un numero anterior de la Fuente, hablábamos de la Historia de la Plaza de Toros de Fuentidueña y mencionamos algunos de los toreros que como novilleros figuraban en el Registo de Profesionales, habiéndose anunciado en festejos taurinos como tales. Pero echando la mirada atrás y recopilando información de ese “fondo documental que sale de los escaños del banco de los bares” resulta que salen a la luz algunos Aficionado más, aunque no hayan figurado en ningún registro o sí. El caso es que se han puesto “delante” como se suele decir, en el argot taurino.
Está en el recuerdo Ángel “el Cano” joven aficionado local, que se marchó a Madrid, en busca de gloria y desde allí se desplazaba a las capeas de los pueblos en fiestas, según comentan, sobre todo por la parte de la Alcarria. Por cierto, echaban y echan “tíos con peso y cara”.
Aquí en el pueblo se recuerda que un año en la novillada de la Fiesta, en la plaza de “madres y carros” con un capote de estreno “se tiró” de espontaneo recibiendo al toro de salida. Toreros y subalternos intentaron quitarle pero una voz con autoridad en aquel entonces sugirió que le dejasen. Solo pudo dar dos lances a la verónica. Al tercero le arrebató el capote, con el consiguiente cabreo. No obstante recibió una gran ovación del público que llenaba la plaza, gracias a lo cual no fue detenido obteniendo el indulto del presidente del festejo. En las vacas de capea hizo lo que pudo el hombre, para después “echar el guante” con los torerillos locales.
Se recuerda el paseíllo de un novillero Rafael Mora, que toreo en la novillada de las Fiestas. Pronto cambio los “Avíos de torear” capote y muleta por la dependencia en la armería de la familia, en la calle Preciados.
Otro de los aficionados fue Olegario Zamora. Este tuvo como maestro a Luis Miguel Dominguín, amigo personal de su padre, que le echaba becerras en Villa Paz, finca del torero en Saelices. Recuerdo verle torear en la corraliza de Justo del Olmo que acostumbraba a tener de vez en cuando vacas, por lo general toreadas. Cuando le parecía se las echaba a los aficionados locales. Las vacas que tenía en la Peña Colora, las toreaban los torerillos furtivos a la luz de la Luna.
Antonio Chelle fue un valiente aficionado, que destacaba en las capeas de los pueblos, entrenaba de salón con Olegario en su corraliza, soñando algún día con una gloria torera, que no llegó.
Habia un grupo de chavales aficionados, entre los que se encontraban Juan Martinez, Alfonso Cambronero y el Ribereño, que entrenaban “haciéndose toros” en la era de la Tía Amalia, de “detrás de la Fábrica”, esperando a que llegasen las fiestas de los pueblos. Más tarde se “estiraban” en la corraliza de Justo, ante aquellas vacas, algunas de media casta, para empezar en Villamanrique en San Marcos haciendo lo que podían en la capea, después La Pera de Valdaracete. Allí el Ribereño se “tiro” a un novillo al que le pudo dar varios muletazos por alto, gracias al guardia civil Huertas no le multaron. Y así iban de capea en capea los domingos, haciendo autoestop o en bicicleta. A llí se juntaban con las “capas” de Villarejo Luis Garrota, el Zurzo y Campanillas, de Valdaracete Juli el de la Camparera, Felisín de Estremera entre otros. “Echában el guante” para tomarse unos bocadillos.
Donde disfrutaban era en Villarejo. Allí se acercaban a las figuras que se anunciaban en el festival organizado por Gregorio Sánchez. Torearon los Girones, Luis Miguel Dominguín, los Bienvenida, Paco Camino, Curro Romero, Diego Puerta… Al lado de esos grandes toreros soñaban ser algún día como ellos. En un festival Luis Garcia “Garrota” se tiró de espontáneo.
La falta de oportunidades y un ambiente taurino poco propicio les hizo entrar en la desesperanza. Luego estaban las necesidades. Había que ayudar a la familia. Unos empezaron a trabajar de camarero, en el campo otros de pinches en las obras, de albañiles,… Pero aquello no iba con ellos querían ser toreros por afición pero también porque era el camino rápido para sacar a la familia de necesidades, para sacar a los padres del duro trabajo del campo. Ante aquella falta de oportunidades y de futuro Juan Martínez se fue a Valencia en busca de mejores tiempos allí donde vivía su tío. Se recorrió las capeas y los Bous al Carrer de la Región Valenciana con los aficionados valencianos de la época que aspiraban a ser toreros. Los hermanos Soro, Ricardo de Fabra, el Turia, El Melenas, El Choni…y otros muchos que se quedaron en el camino, Guarda buenos recuerdos de pueblos como Piaporta, Paterna, Picasent. Abandonó Valencia ante una eventualidad, una noche los toreros que solicitaban una oportunidad, cabreados porque no les ponían, se saltaron a los corrales de la Plaza de Toros de Valencia y torearon y mataron un toro sobrero. Ante las posibles represalias contra los torerillos que andaban por allí Juan y un capea de Aranjuez, se vinieron hasta Fuentidueña, “haciendo dedo”. Cuenta Juan que venían con “el atillo al hombro” y los agentes de la Guardia Civil se los llevaron al Cuartel; les querían incautar los “trastos”. Su compañero dijo al guardia de puertas que le dejasen llamar al Cuartel de Aranjuez. Después de hablar, le dijo el chico al guardia póngase y automáticamente dijo “A sus órdenes mi capitán”. Era su padre. Después le comentó al agente que si no habían cometido ningún acto delictivo le devolviera sus pertenencias y les dejara marchar.
“A ti no te los doy”, le dijo a Juan, pues llamó a mi padre. “Otra vez”, dijo su amigo.
Al final salieron los dos con sus “atos” para por la tarde intentar torear en la capea de las Fiestas. Comenta Juan que su padre le aconsejó…. “si quieres ser alguien en esto demuéstralo y si no, a trabajar”.
Y trabajando llegó a montar junto a su hermano la tienda de Muebles Castillo.
El Ribereño se fue a Madrid a trabajar de botones con su tío, en la fábrica de la Casa de Campo. Eran los tiempos de la Oportunidad en Vista Alegre. Como vivían en Carabanchel, las tardes-noches las pasaba en la Chata, (por ese sobrenombre, se la conocía a la plaza) para ver si alguna vez le tocaba su número para hacer la prueba toreando una vaca, algo que no llegaba nunca. Por allí pasaron cientos de torerillos en busca de una oportunidad, su sueño de ser toreros. Pero toreaban los que tenían algún padrino o algunos que se “la jugaban” haciendo el loco con aquellas “vacuchas retentas” como El Platanito, El Jaro, Tarzán de los Toros, El Jeringuero… Los que les caían bien, a los organizadores. Los Lozano, Dominguines como Curro Vázquez, Palomo Linares o Ángel Teruel, les pusieron en aquellas novilladas nocturnas y triunfaron. El Ribereño como tal paso a los anales del recuerdo, más tarde hizo sus “Pinitos” de corto. De eso otro día.
Alfonso Cambronero trabajo de camarero, luego fotógrafo y así encauzo su vida. Siempre mantuvo la afición taurina.
Otros aficionados, además con clase y valientes son Fernando Martinez lo demuestra cada vez que se pone delante, tiene cualidades no solo para matar el gusanillo, en la capea de Fiestas o en tentaderos con los amigos, tiene madera de torero.

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