Pequeñas cosas…

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Pedro Mora

En estos días de confinamiento por esta maldita pandemia hemos podido ser testigos todos, niños, jóvenes, mayores, abuelos, hombres y mujeres, de participar en actos sencillos, memorables diría yo. Aquellos aplausos de reconocimiento a profesionales, no sé de quién partió la idea. ¡Qué más da!, lo importante es que esta iniciativa elevó la moral de los que llevaban el peso de la atención a los pacientes infectados que llegaban a los hospitales. Impresionaban aquellas UCIS. También se creó un ambiente solidario vecinal ciudadano.
Y ese ambiente creó iniciativas, movió voluntades y se llevaron a cabo objetivos humanitarios de colaboración ante la falta de medios para garantizar la seguridad de profesionales y voluntarios, sobre todo en aquellos primeros momentos en que pilló a todo el mundo “.
Gracias a aquellas primeras recolectas voluntarias se abasteció al menos en nuestro entorno local y comarcal a profesionales de las residencias y los voluntarios -grandes los nuestros-.
Y hemos podido seguir a través de Facebook como se solicitaba la colaboración voluntaria, como se ponían en contacto para saber dónde era necesario el material de protección sanitaria, cómo y dónde, se adquiría, cómo y quién lo distribuía; a aquellas instituciones que lo demandaban y la cuenta de resultados, de lo recaudado, adquirido y lo gastado. Hemos podido seguir casi en directo esa labor callada de hacer de recaderos para las personas mayores o necesitadas y hemos visto a los que se preocupaban de la desinfección de los lugares más concurridos.
….Y hemos escuchado anunciar que nos abstengamos de salir por nuestro bien y el de los demás. Y hemos visto la cara de felicidad de niños y mayores cuando de forma oficial se acercaban a desearles feliz cumpleaños y todos a aplaudir tal iniciativa en este tiempo de inanición. ¿Puede haber una cara más resplandeciente de felicidad que la de un niño, de un abuelo cuando reciben la felicitación?
Todas son PEQUEÑAS COSAS que engrandecen cuando se recuerdan ahora, mucho más cuando se recuerden pasado el tiempo.
Se había parado el Mundo pero en nuestro pueblo estaba garantizado, se recibiría la felicitación, o al menos así estaba establecido… No ha podido ser, el servicio se suspendió.
Uno se cree que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón, en un papel o en un cajón.
Como un ladrón te acechan detrás
de la puerta. Te tienen tan a su merced
como hojas muertas que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y nos hacen que
lloremos cuando nadie nos ve.
Son el recuerdo de “ aquellas pequeñas cosas” de Serrat.

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