Aficionados taurinos…en busca de la gloria

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P. Mora

No estamos todos, nos falta uno… Suele pasar y en este caso es una realidad, faltaba Víctor el chico de Saturnino, el de “Comestibles Saturnino Esteban”, la tienda de los años 50 en la calle Afueras de la Carretera nº2.

Desde niño tenía afición a los toros. Acudía siempre en fiestas a presenciar la novillada en el ruedo que se celebraba en la plaza del pueblo, montado con “las madres” y los tablones, quince días antes de las fiestas. Servían a los niños para columpiarse y jugar, sobre todo a los toros. Allí se llevaban a cabo verdaderas corridas. El ambiente despertaba y motivaba la afición que aumentaba cuando llegaban los carteles que los chavales pedíamos a Timoteo, el alguacil, con permiso de su perro.

Recuerda Víctor los años de la escuela en Fuentidueña con don Silvino y su poca atención a los libros, con el consiguiente enfado de su padre por las bajas notas. Le apuntaba a clases extras para que mejorase su capacidad pero su interés académico se diluía anteponiendo los sueños toreros. Él se veía más haciendo el paseíllo en las Ventas que en el Paraninfo de la Universidad, más vestido de luces, que con la toga, más con los “avíos” toreros, que con los libros. Su padre ante el bajo rendimiento le llevó a los curas del Melchor Cano de Tarancón para ver si se incentivaba su interés por el estudio. Víctor seguía con su afición y se compró capote, muleta; ayudó en casa Nati, la sastra de los toreros. Seguía con su sueño entrenando y poniéndose a punto para cuando llegase la Fiesta y poder probarse ante una res. Cada vez que traía las notas tenía una bronca con su padre. Se hartó y después de dos años le sacó de estudiar.

¿Quieres ser torero? Pues vamos a comprobarlo. Primero le engañaron con una supuesta entrevista con Antonio Ordoñez que toreaba en Aranjuez. Él se había probado en unas fiestas, cuando un novillo se escapó o ayudaron a escapar en el desembarque. Al ver al toro en la plaza le pidió la muleta a un maletilla y le dio unos pases por alto con tan mala suerte que aquel toro le desarmó y le dio un varetazo en la espalda. Pero nada, para “el chico del tendero” era su “bautizo torero”. Cuando llegó a casa encontró la familia reunida. Le dijo a su padre “Ya he toreado y me ha cogido el toro. Quiero ser torero”. Su padre decidió llevarle a la Casa del Reloj donde había una placita para tentaderos y fiestas campestres con suelta de reses.

Primero le soltaron una becerrita con la que estuvo “aseao”, bien. Pero su padre le pidió al encargado que le soltara una más grande. Comenta Víctor que “la vaca estaba toreada y no me dejo ni ponerme. Me dio veinte revolcones pero a pesar de todo estuve allí”.

A decir verdad de los que le vieron, valoraron su valentía, pero allí terminaba la posibilidad de torear; tendría que esperar a los festejos de las fiestas de los pueblos para practicar en las capeas. Y así lo hacía. Los domingos de toros se cogía los “trastos” y marchaba a las capeas junto a los aficionados locales Juan Martínez y el Ribereño, y con “los capas” de Estremera, Valdaracete y Villarejo con los que se en tre naba cuando podía.
Estaba la Oportunidad de Vista Alegre. Barajaba la posibilidad de tirarse de espontaneo en los festivales taurinos de Villarejo o Chinchón para ver si le salía bien y le ponían en una novillada. O marcharse de maletilla para forjarse haciendo “tapia” en los tentaderos. Él entrenaba de salón y se veía capacitado… Eran los tiempos del Cordobés, de Palomo Linares,… Su sueño de ser torero no se lo quitaba nadie. Su padre le impuso estudios o tienda. Se doblegó al mandato patriarcal y se conformó matando la afición como pudo, en silencio.
Víctor ha sido un hombre activo. En los primeros años del CD TAJO se enroló de masajista y bien que agradecíamos sus cuidados cuando recibíamos algún golpe, después ha desarrollado sus cualidades artísticas con su voz, el órgano y la música de sus guitarras, en algún concierto, como director del coro parroquial y director de la Banda de Cornetas y Tambores.

Su compromiso social lo desarrolló como concejal en la primera legislatura de los Ayuntamientos Democráticos. La Cultura, la Educación y el Deporte municipal vieron las primeras iniciativas locales bajo su dirección. Se puso en marcha la Biblioteca Municipal, dos nuevas Aulas Escolares, los niños visitaron Juvenalia, se construyó el Parque Municipal, el Campo del Fútbol, se llevó a cabo el primer Descenso de Piragüismo, el Fútbol-Era (Fútbol-Sala), se acordó la adquisición de la Plaza de Toros portátil,… Sus aspiraciones toreras bajaron de intensidad, ya solo aprovechaba alguna ocasión como aficionado práctico. Organizó una Fiesta Taurina a beneficio de la Banda de Cornetas y Tambores en la que participó junto a los chicos de la banda, David, Alberto, y aficionados como Juan Martínez y el Ribe reño, con becerras de la ganadería del Valle de Villarejo, que dirigía el Bomba y después fue del Jarillo.

A Víctor todavía se le iluminan los ojos cuando habla de su sueño de niño, de enfundarse uno de aquellos trajes llenos de luces y colores, su ilusión de juventud de verse anunciado en un cartel, de ser figura del toreo… afición no le faltaba y valor… “Creo que tenía el suficiente para al menos a ver sido novillero, pero mi padre no me ayudo”.

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