Cuando sea ayer

17

Mayca Margon


Porque hoy no lo es.
Porque ayer es hoy.
Porque mañana ya fue.
Aprender a estar con los sentimientos camuflados sin dejar que afloren porque no se pueden expresar, como si en el interior del pecho cupieran todos juntos sin poder respirar, asfixiándose.
Mirar el horizonte con la perspectiva que ha creado el miedo. Hemos aprendido rápido a poner la vista muy lejos.
La mirada al prójimo ya no es huidiza, no es ingenua ni indiferente; actúa como rayos X para descubrir cualquier anomalía que haya en el cuerpo.
El tacto se pierde en el límite de los espacios. Las manos se han convertido en enemigas públicas. Las tapamos como si no quisiéramos que existieran.
Quien sonríe cuando no se puede ver la sonrisa sabe que no sabemos de su alegría. Que si hay tristeza ya no captamos el sufrimiento.
No nos han enseñado, pero hemos aprendido.
Demasiados “No”.
Cuando sea ayer… destapamos el rostro y que resbalen las lágrimas por las mejillas secas.
Cuando sea ayer… alzamos la cabeza para guiar nuestros ojos hacia aquel infinito.
Cuando sea ayer… respiramos el aire que ha sobrevivido.
Cuando sea ayer… hablamos las palabras retenidas en la garganta.
Cuando sea ayer… las huellas de las manos quedan impresas en todas las manos.
Recuperar al amigo, el hermano, la madre y el padre; al hijo. Es una tarea que tenemos por delante.
Homenajear a los que se han ido, sin llorar su pérdida porque ya hemos dispuesto una habitacioncita en nuestro corazón para que, si quieren, se instalen.
Revelar todos los secretos perdidos mientras saboreamos una taza de café. No importa dónde, lo queremos así.
Cerrar las ventanas después del aplauso que entona una melodía de reconciliación en todo el barrio una vez más a las ocho de la tarde.
ABRIR LAS PUERTAS.

× ¡Escríbenos por Whatsapp!