Posada y fonda para unas inquilinas de excepción

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Isabel Romero

Nunca lo había visto. Siempre me pregunté por qué, a pesar de lo natural de ver cigüeñas en las torres de nuestros pueblos y en los promontorios y torres de cualquier tipo, jamás había visto a estos singulares inquilinos en Fuentidueña.


“Fuentidueña no es lugar para cigüeñas”, bromeaba yo en mis versos de adolescente. No entendía por qué a nosotros no nos visitaban cada año. Pero… hace pocos días, el viernes último de agosto, paseando hacia el Castillo a la anochecida con un grupo de amigos, nos impactó la vista de varias siluetas sobrevolando esbeltas, recortadas en negro contra el azulón intenso del cielo que ya se despedía de la luz. “¡Son cigüeñas!”, grité. “¡Son cigüeñas!”, exclamaron todos. Espectáculo inédito en nuestras largas vidas. Y aún nos quedamos más estupefactos cuando, al aparecer ante nuestros ojos la imagen del Castillo, vimos toda su línea superior adornada con más de una decena de ellas reposando ¿para pernoctar? Es lo que imaginamos, en su viaje de retorno al sur. Y, además, en las torrecitas que jalonan los alrededores del muro de nuestro viejo monumento, también habían tomado aposento algunas parejas más, o algún individuo suelto. Estábamos sumidos en un ensueño. Uno de los espectáculos más bonitos que he vivido en un atardecer. El color cambiante del cielo entre azules profundos y rojos, lo agradable del crepúsculo, la temperatura perfecta… Ellas nos miraban como preguntando. Casi ninguna se asustó. Incluso en la torre que avanza delante del mirador, dos de las cinco iniciales permanecieron acompañándonos y dejándose fotografiar hasta que nos marchamos. Solo unas pocas de las que coronaban el muro principal del Castillo emprendieron vuelo al oeste cuando regresábamos por el camino. Entiendo que volverían cuando aquello quedara deshabitado de humanos, que no hacíamos más que molestarlas y perturbar su descanso. Conté 18 en total. Fue triste ir viéndolas desvanecerse entre la oscuridad y la distancia a medida que volvíamos al pueblo.


Pues ya sabemos que al menos 18 plazas de cigüeña tiene nuestro castillo. Señoras, las esperamos en su vuelo de vuelta por San Blas.

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