“MIRAD: ALGO NUEVO ESTÁ BROTANDO”

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Esteban Garcia

Estimados amigos, lectores de ésta revistilla, la “Fuente de la Dueña”. Os llegue mi saludo, más en estos días, tan parecidos como lamentables desde hace ya meses, y más señalados últimamente con incremento de positivos, y con un accidente de tráfico en vuestras inmediaciones en estos cercanos días.
La amistad vivida con algunos de vosotros, que por antigua como el buen vino, en recipientes y ambiente adecuado, bien se conservan -de esto podéis entenderlo mejor que yo-, el conocimiento de algunos de vuestros los vecinos, el compartir vuestros afanes, gozos y lamentos, dolores y esperanzas, y mi mejor buen deseo para los habitantes de esa comarca del sur de los madriles, no siempre bien expresado en tiempo y modo, me ha movido, una vez más, a escribir unas nuevas líneas que ahora os ofrezco.
En el ambiente rural serán acogidas, y ella me ha llevado a recordar algunos momentos vividos en mis años de adolescente, en el pueblo de mi madre, de mis tíos y abuelos maternos, a cuarenta kilómetros de Salamanca, la “Roma chica”: su amplia cocina, al tiempo sala de estar, su chimenea acogedora del fuego rasero, los pucheros de barro a su vera, la mesa y bancos de gruesa madera, las patatas revolconas acompañadas del “pesado del lugar” (choricillo casero, farinato, buen tocino, jamoncillo,..) de la última matanza casera, como era costumbre; esos mismos “adornillos” colgados a palmos de mis naricillas…Y sobre todo su gente sencilla, noble, trabajadora…¡Qué buenos recuerdos de aquellos años!
Alguno cargado ya de años y múltiples experiencias, como otros, casi recién llegados a la feria de este nuestro mundo, y tan de otros como no quisiéramos, dirán o estarán pensado: “¡Qué decepción si conociera nuestra realidad de hoy. Se le caerían los palos del sombrajo!”
Lo bueno es que hurgando en el tesoro memorístico no he encontrado nada digno de consideración que lo ponga en solfa; como, de mis recuerdos de siempre escasas y breves visitas al ambiente rural, haya encontrado algo que lo pueda poner en segundo término. Quizás ello se deba a la pequeña costumbre de ir acumulando “lo bien vivido” sea lo que me ha ayudado a ser quien soy, a vivir como vivo, a felicitarme por ello, a animar a los que están a mi lado, y a los que la vida ha alejado de mí, pero conectamos de vez en cuando. Compartiendo, codo con codo, haciendo un mundo mejor que el que habitamos, o intentándolo al menos.
Eso me lleva A MIRAR, Y A ESCUCHAR, en estos tiempos tan revueltos, e ir haciendo una película-al menos “nuestro personal corto”-, con su banda sonora, dando carta de ciudadanía a “un buen hacer”, de “un comportamiento sencillo, a la par que singular”, y ello me lleva a ser tenaz, a seguir ofreciendo mi granito de arena en la construcción de un mundo nuevo, un estilo de actuar, de sentir, de decidir que muchos anhelan, que otros en su palabrería sin fin prometen pero no lo curran, y que otros lo descubren en la sencillez de los niños, la silencio de los ancianos, de la paciencia de los enfermos, de la esperanza en los moribundos, de la sonrisa de los inocentes, muchos viviéndolo sin saberlo, siendo ejemplo sin pretenderlo.
Nos es no sólo conveniente sino necesario el acompañarnos, hacernos cercanos venciendo la lejanía, afectuosos en la inevitable distancia, afectuosos a pesar de la mascarilla, acogedores con palabras tiernas y miradas comprensivas y compasivas, de corazón a corazón. ¡Y con todos! Sean niños o ancianos, jóvenes o maduros, ellos y ellas, enfermos o cargados de salud, los de buen ánimo o los de ello por el suelo.
Así transportadores de buenos sentimientos, de positiva experiencia, de buenos deseos que acercan y ayudan, estimulan a superar lejanías, vallas y encrucijadas, animándonos a caminar hacia metas posibles y horizontes cercanos.
El buen ánimo, el buen humor, las buenas noticias, la dedicación responsable, el deseo para todos de lo mejor de lo mejor, la confianza renovada siempre, el crear las buena motivación, la esperanza de seguir viendo brotar actitudes nuevas…
¿De verdad nuevas? No: siempre han existido, y en la historia constatamos que han surgido, como de modo milagroso, en tiempos de no fácil esperanza. Por nuestro natural, parece que nos es necesario descubrirnos en el pozo, para mirar al cielo, y viendo las estrellas, animarnos a salir a la superficie.
Un ¡ánimo! a los de buena voluntad como a aquellos que gozamos de la misma esperanza.
Un saludo.

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