Velas y lágrimas de colores

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Pedro A. Mora

  • Una vela encendida simboliza devoción la luz de nuestros deseos, que ilumina nuestras plegarias.
  • Llorar nos hace humanos, las lágrimas son expresión de una emoción sublime


Aparentemente el 2020 era un año, es un número bonito, y los presagios navideños como es habitual eran de un año venturoso sobre el papel. ¿Por qué iba a ser calamitoso?


Pero desde que llegaron los primeros brotes de aquel virus raro que se iniciaba en Wuhan, nos llegaron las sospechas de algo maléfico. Se leían, se escuchaban comentarios raros pero, ¿cómo iba a llegar hasta aquí? Eso eran “cosas de chinos” y anda que no esta lejos China.


Con los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance tecleamos y llegamos a los confines de la historia, de la vida. 4543 millones de años tiene la Tierra según la Biblia, y podemos entrar en cualquier época para documentarnos de lo divino y lo humano, de la cultura de los pueblos, de las guerras entre naciones; también de los progresos, de las enfermedades…de las epidemias que asolaban los pueblos, las naciones, los imperios que perdían el 40 el 50 % de la población. La peste negra, la viruela, la mal llamada “gripe española” en 1918 al final de la Primera Guerra Mundial que se llevó por delante millones de vidas y que nos atribuyeron los americanos, la gripe asiática de procedencia aviar de 1957. Muchos niños de aquella época recordamos las vacunaciones masivas de aquel tiempo.
Nos llegaban informaciones de todas partes: de la OMS, de los Institutos Científicos privados y públicos, de las Universidades, del CNI, de los distintos gobiernos,… De pronto nos decían que era una gripe normal, que todo estaba controlado, como algún medio nos informaba dando datos que asustaban. Está claro que nos pilló a todos desprevenidos, en “or say”. Las consecuencias ahí están…


Dada la magnitud de la Pandemia Covid-19 se empezaban a poner en marcha medidas disuasorias, prohibiciones, llegando el Estado de Alarma, al confinamiento, las suspensiones…; se suspendían los acontecimientos masivos como partidos de futbol, corridas de toros, conciertos, fiestas…. También se suspendería Nuestra Fiesta, la Embarcación. No lo creíamos después del confinamiento ejemplar, de aquel gran esfuerzo de los profesionales sanitarios, de los profesionales de los cuerpos y fuerzas de seguridad, de los voluntarios civiles, de los ciudadanos de a pie,… de TODOS. Esto pasaría y con las medidas adecuadas se podría celebrar la Fiesta, la Romería, nuestra Embarcación…


A los de aquí, a los fuentidueñeros y fuentidueñeras, naturales o no, nos agobiaba solo el pensar que este año no tendríamos nuestra “suprema tradición”. La Novena, la Ofrenda, la Romería, la Merienda Familiar, con los Amigos. No podríamos cantar la Salve, el “Se me hace cuesta arriba la cuesta abajo” y “cuando vuelvo con dos luceros”. Madre mía, no puede ser!, se exclamaba solo con intentar insinuarlo. Las caras, los rostros en muchos casos se inundaban de lágrimas. Daba igual si no había Verbenas ¡Bueno! Elección de Reina, Damas y Caballero, Ohhh, Toros, psss… en la Embarcación que vayan solo los remeros y los indispensables, los del Tope, y los nadadores que guarden la distancia. El público todos con su mascarilla, y con la Carroza de la Virgen de Alarilla, los imprescindibles, que la acompañe una representación de las autoridades y otro de la Hermandad; los fieles en fila guardando la distancia y la Pólvora, los Fuegos Artificiales, esa exsaltación a la Reina del Tajo, a nuestra Excelsa Patrona, que se dispare, ¿por qué no? No, no podía ser. Acertaron los responsables en la suspensión pero las mentes daban vueltas y el ingenio trabajaba. Seguro que se daban infinidad de ideas de propuestas para compensar el agobio que nos inunda.


Desde la Hermandad propusieron que a las 22:00h repicasen las campanas y por el recorrido de la Procesión se encendiesen VELAS …¡Y se encendieron cientos por todo el pueblo! Alguien propuso tirar cohetes, cajas…¡Y aquello fue una EXPLOSIÓN DE LÁGRIMAS DE COLORES! No cabe duda que aquel mensaje, era una liberación colectiva contenida desde meses, impacto en cada uno de los vecinos niños, jóvenes, mayores, en las peñas, en grupos de vecinos/as particulares que aportaron a escote para dar más esplendor, “Mas Madera” que decían los hermanos Marx. Una noche difícil de olvidar. Quedó en la retina.


Centenares de cajas chinas saltaban de barrio en barrio, de calle en calle, desde la Torre del Reloj iluminando el cielo claro de esa noche, sacando a todos los vecinos a la calle. Algunos subieron al Castillo, al helipuerto, otros a La Tejera, las de Peña la Kahlua -que bonita idea- sacaron la imitación de la Embarcación, que hicieron para el desfile de Carnaval. ¡Cuánta emoción, cuánta belleza, cuánto amor por lo nuestro!


A mí me recordó tiempos relativamente cercanos de otros confinamientos, de ideas contenidas, de incertidumbres, de aquella luz de libertad, después del largo oscuro túnel.

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