Drama en los bares de carretera – Extracto

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C. JORDA PARA LIBRE MERCADO

EXTRACTO DEL ARTÍCULO:

Sufriendo las mismas restricciones de toda la hostelería, pero también los cierres perimetrales por comunidades autónomas que hacen casi imposible los desplazamientos y, además, la práctica desaparición del turismo y la caída del transporte de viajeros, los bares de carretera tenían todas las papeletas para ser uno de los sectores más dañados por esta crisis del coronavirus, incluso dentro de uno como la hostelería que en conjunto está recibiendo un golpe extraordinariamente duro.

Carreteras bajo mínimos

Según los datos de la DGT, durante 2020 se han producido 321 millones de desplazamientos de largo recorrido, lo que supone una reducción de un 25% respecto del año anterior.

Hay que tener en cuenta, además, que estos datos en realidad no reflejan la situación real vivida durante buena parte del año: los dos primeros meses fueron normales y desde mediados de junio a mediados de septiembre hubo también cierta normalidad. Es decir, sin tener en cuenta esos pocos paréntesis el descenso ha sido mucho mayor de ese 25%.

De ayudante de camarero a propietario… ¿y ahora?

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Adrian Mayer, propietario de La Atalaya.

Nos reunimos con Adrian Maier en su restaurante y hotel: La Atalaya, en Fuentidueña de Tajo, a poco más de media hora de Madrid y aún dentro de territorio de la región. Adrián es todo un personaje: estudió teología en su Rumanía natal pero acabó viniendo a España y entrando a trabajar como ayudante de camarero en el restaurante del que ahora es propietario.

Adrián habla muy claro sobre su situación: «Nuestros ingresos han caído en más de un 70%, es verdad que tenemos menos restricciones que en Castilla-La Mancha, pero nosotros vivimos de la carretera, si la carretera no se mueve nuestros ingresos caen».

Además, nos explica que como La Atalaya tiene muchos espacios –»el restaurante, tres salones, el hotel con 24 habitaciones…»- el resultado es que el mantenimiento es muy caro: «Se come los ingresos y todos los meses son pérdidas, pérdidas y más pérdidas».

Suerte antes de la desgracia

Sin embargo, Adrián está logrando sobrevivir por un golpe de fortuna o quizá de inteligencia empresaria: «Tuvimos la gran suerte de diversificar el negocio e invertimos para abrir una agencia de paquetería con GLS«, nos cuenta con una sonrisa que se adivina bajo la mascarilla, «gracias a eso estamos manteniéndonos, pero lo que ganamos por un lado lo perdemos por otro».

Fue algo que casi nadie entendió en su entorno, pero que ahora le ha salvado:: «La gente me decía que si estaba loco y yo decía que si algún día pasaba algo pues tenía otra alternativa y ahora el negocio de paquetería se ha triplicado«.

Sin embargo, la situación en La Atalaya es complicada: «Antes de la crisis teníamos 16-17 empleados, ahora quedan tres«. Adrián nos explica que él no pudo recurrir a los ERTE porque «al principio decían que cuando acabase todo tenías que contratar a todo el mundo, y para nosotros eso era muy difícil, tras meses de cierre no puedo saber lo que voy a necesitar».

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El bar La Atalaya

¿Qué clientes hay ahora?

El negocio no sólo se ha desplomado sino que ha cambiado bastante: «En las últimas semanas a la hora de comer tenemos algunos clientes de paso, ya que al cerrar otras comunidades la gente para antes a comer cuando baja desde Madrid», pero en general «de carretera poca cosa». Además, una de las habituales fuentes de clientes prácticamete se ha secado -«de autobuses hay poquísimo»- y finalmente «hay también algunos clientes del pueblo».

En estas circunstancias es difícil saber cuál puede ser el futuro de La Atalaya y qué pasará si todo sigue igual: «Dependerá de cada empresa, pero yo creo que podremos aguantar dos o tres meses, como máximo seis, pero endeudándonos, y eso porque tengo otro ingreso, si no tendría que haber cerrado ya«.

«Parece que hay algo contra la hostelería»

Adrián no está, precisamente, muy satisfecho con la actuación de los poderes públicos: «Hay cosas que te sorprenden, tenemos unas elecciones en Cataluña ¿y se pueden celebrar?», se pregunta. No es la única contradicción que ve: «Un Lidl o un Mercadona pueden abrir aunque allí nadie respeta la distancia, pero un bar no, y yo aquí tengo mesas intermedias para que estén lejos de unos de otros. ¿Por qué las grandes cadenas tienen libertad y los hosteleros no? Parece que hay algo contra la hostelería«.

¿Qué pediría él a los políticos? Pues lo primero que menciona es algo que, precisamente, apunto Isabel Díaz Ayuso hace unos días: «Debería incluirse a los camareros en el plan de vacunación, porque estamos muy expuestos».

«Parece que hay algo contra la hostelería»

Adrián no está, precisamente, muy satisfecho con la actuación de los poderes públicos: «Hay cosas que te sorprenden, tenemos unas elecciones en Cataluña ¿y se pueden celebrar?», se pregunta. No es la única contradicción que ve: «Un Lidl o un Mercadona pueden abrir aunque allí nadie respeta la distancia, pero un bar no, y yo aquí tengo mesas intermedias para que estén lejos de unos de otros. ¿Por qué las grandes cadenas tienen libertad y los hosteleros no? Parece que hay algo contra la hostelería«.

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