DE “ESO”… ¡NA!”

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Esteban G. S

En estos últimos años se han ido sucediendo una serie de acontecimientos que, sino singulares, “nos han tocao”, por su improvisación, magnitud, cercanía. Enumerarlos en este momento en el que los sentimos, me atrevo a decir, como nunca, me cuesta: epidemia, protección personal, aislamiento forzado, crisis económica, sanitaria, laboral, hasta familiar, cambio de costumbres; incendios, inundaciones, como no se recuerdan; emigraciones masivas, … Y además: ¡nos salpican! No son solo imágenes o sonidos que hemos oído, visto en los diversos medios o de los que leemos en la prensa diaria. Quien más quien mensos tenemos experiencia de su cercanía. Y alguna que otra vez escuchamos frases como ésta: “¡Madre mía! ¡Y no podemos hacer nada”, expresaba un más o menos joven ante la cámara del reportero. De quien en ese momento no hace nada, ni sabe, … ni, o lo peor, está dispuesto a hacer.
En medio de esta sociedad que padece un gran desaliento, de escenas que duelen en el alma de jóvenes, y no tanto, que faltos de toda protección juegan al “¡y yo más!” los fines de semana, que hombres y mujeres, que aparentar ausentarse, huir, menospreciar, e incluso atacar los llamados “valores”, soy testigo de entregas personales y colectivas dignas de elogio, más que de un aplauso a las ocho de la tarde, en su casa, en el hospital, en el tanatorio, atendiendo enfermos, superando aislamientos forzados, llorando por los difuntos, acompañando a los desconsolados; apagando incendios, acotando su incidencia, humedeciendo lugares calcinados, protegiendo cosechas y ganados; ofreciendo tiempo, su persona, medios, (alimentación, protección, cobijo a hombres y animales); algunos publicados en las redes, otros, los más, ofrecidos en silencio, respetando intimidades.
Siempre podemos encontrar un paseante, como hace unos días saltaba la notica a los MCS, el cual, dándose cuenta de que un niño de apenas dos años caía desde un balcón cercano, corre a su encuentro, expone sus brazos para recoger a la inocente criatura. Gentes, casi anónimas, que ofrecen su casa para acoger a cuatro personas y la saben estirar para que quepan dieciocho, como atestiguaba una familia de los solidarios en la pasada JMJ.
Para éstos no hay premiso, ni menciones, ni subvenciones, como decía el mensaje que ha corrido por las redes en estos días: “Se necesitan animalistas y ecologistas, en Ávila. No. No hay subvenciones”.
Recojo aquí una frase aplaudida de Carles DARWIN (¿recuerdan quién fue?): “No son los fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios”.
Y me atrevo a disparatar y meter la pala en la arena. Dicen que el 90% de los incendios son provocados. Nos atrevemos a dudar de la veracidad de este dato. Pero es cierto que los hay. Y cuando esto sucede vemos a multitud de personas, mediante varios medios, con gran riesgo de sus vidas a veces. Tratan de atajarlos, limitarlos, perimetrarlos, … ¡Cuántos esfuerzos, cuántos riesgos, cuanto gasto en esos momentos! Y lo hacen no sólo unos pocos, algunos de los afectados reales o posibles, voluntarios, profesionales, algunos venidos de lejos… ¡Y lo pagamos todos!
Siguiendo el método preventivo, del que deberíamos hacer gala, ¿no se puede prevenir, hacer limpieza en los montes, procurarlo, realizar cortafuegos, …? Dedicar esfuerzos, medios, económicos también ¿no saldría más barato que apagarlos?
¡Y aquí nos vemos retratados todos! Que el tema y su solución nos interese, y estemos dispuestos, cada uno en su parte, a poner posibles soluciones: fondos del Estado, autonomías, ayuntamientos, … posibles afectados. Y aquí ¡toditos! Quien no tiene propiedades en uso, las tiene para usarlas a ratos; otros, van a disfrutar de un buen paisaje, otros usamos sus aguas, oxigeno en las grandes ciudades.
Y, por encima de todo, y pensando sobre todo en aquellos que actúan provocándolos, o dando inicio por su imprudencia o descuido: educación en valores, en buenas y saludables costumbres, en respeto al otro, a sus propiedades, a su persona…Y en esto nos ayudan las buenas religiones.
Me uno a aquellos que ven, y quieren ver, con buenos ojos lo que está sucediendo; y a aplicar lo que sabemos a la vida en nuestro entorno. ¡Así mejoraremos!
Del “No podemos hacer nada”… De eso ¡Na!

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