Esclavos de la libertad

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Comienza el verano. Llega cargado de ilusión después de las muchas restricciones y limitaciones que hemos tenido en todos los sentidos durante estos largos meses. La pandemia del Covid-19 está presente, pero afortunadamente las vacuas han ganado espacio y ocupan ahora muchos minutos en los diarios comentando cifras esperanzadoras que auguran mucha inmunidad. La vida que el virus nos robó hace año y medio vuelve tímidamente. Los expertos aseguran que seguimos en riesgo y que no merece la pena correr, que las cosas deben llevar su ritmo aunque nos pese.


Con la amenaza en el aire se han comenzado a celebrar eventos familiares, culturales, deportivos… con las convenientes medidas de seguridad, claro está. La vida, que quiere ser normal en esta rara realidad. Poco a poco.


Aprovechando la coyuntura, enarbolando la bandera de la libertad ha ganado la Presidenta Ayuso las elecciones a la Comunidad, una libertad de promesa inmediata y facilona,… descafeinada me atrevo a decir; libertad de mentirijillas. Ese tipo de libertad comparable al que experimenta una mascota cuando le sacas a la calle con correa. Ella ha sabido sacarle partido en los comicios despertando cierta esperanza, aunque la esperanza, la buena, la de terminar con el virus poco tenga que ver con esa. Lo hacen todos. Ayuso en esta ocasión lo ha rentabilizado al máximo.


Y en la estrategia, si es necesario, que lo es casi siempre, los jóvenes se convierten en estandarte por el que defender los derechos aunque a vuelta de página sean los culpables de todos los males. Hoy se les anima a correr y mañana se les echa la culpa por caerse y arrastrar a los que tienen a su lado. La culpa nunca es asumida por el que da la orden de salida porque “se dijo que lo hicieran con responsabilidad”.


No importa el cómo porque lo verdaderamente importante es el fin. La foto se ha impuesto a todo en esta cultura nuestra de las redes sociales. Presumir, contar el éxito a través de los “me gusta”. Promocionarse aunque para conseguirlo sea necesario incluso mentir sin remordimientos. Nunca antes tuvo más sentido la archiconocida “una imagen vale más que mil palabras”. Y así salir de cañas, cortar una cinta, aparecer cerca de un árbol recién plantado o con brocha en mano insinuando estar pintando un paso de cebra,…. Todo vale para conseguir el fin. No es cosa nueva, pero sí es nuevo tanto bombardeo convirtiendo lo más nimio en el titular del día; una forma más de tratar como necios al resto.


Y a esa forma de actuar le llaman unos y otros estar pendiente y solucionar problemas.
Da resultado. Me refiero a lo de la foto.


No, no está de moda pensar y mucho menos manifestar las conclusiones a las que uno llega.


Pero entonces ¿en qué se queda la LIBERTAD tan predicada?


Pues está claro. A salir de casa con correa le llaman libertad.


!Qué paradoja¡ En la Era de la LIBERTAD andamos más esclavos que nunca.

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