Gabriel «Maceo» el artista de las cosas pequeñas

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Gabriel del Olmo Carralero es uno de esos hombres buenos y colaboradores que muchas veces pasan desapercibidos en cada pueblo.


Gabriel “Maceo” lleva con orgullo el apodo de su padre y es un Fuentidueñero de pro que ha cumplido ya los 69. Desde que se jubiló, hace ya siete años, no ha dejado de “inventar” trabajos en madera, una de sus pasiones a la que dedica todas las horas que puede cuando deja apañado su huerto y sus otros compromisos.
Me enteré de su arte para reproducir monumentos en madera. Le prometí un rato de charleta hace meses. Ahora ha llegado el momento.


Ya en mi casa y frente a mí me encuentro con un hombre sencillo, humilde y trabajador. Denoto en él algo de timidez y descubro también la pasión que tiene por nuestro pueblo y sus gentes. Tiene una mirada limpia y sincera; su hablar es pausado midiendo palabras para expresar bien lo que piensa.


Me dice que actualmente forma parte de la Junta Directiva del CD Tajo-Fuentidueña del que también fue jugador; que colabora en lo que puede y que le lleva mucho tiempo. “Cuando era mozo tenía tiempo para todo y compaginaba el fútbol, la bici y otras aficiones”, termina diciéndome.


Metidos en el tema me comenta que desde pequeño le gustaba hacer juguetes con madera y reparar aquellos que llegaban a sus manos con algún desperfecto fruto del uso. Su tío Estanislao tuvo mucho que ver en ello porque le regaló una galera de madera para que jugase. Aquel juguete despertó en él una habilidad que cultivó de niño y que ha continuado desarrollando durante toda su vida. Andrés, otro pariente suyo, le introdujo en la marquetería.


“Maceo” ha trabajado en el campo, de albañil, en la fábrica de Tartárico y los últimos quince años en la cerrajería Fuentajo, empresa que fundó con Pablo Pérez. Del trabajo nunca le ha sobrado mucho tiempo para su hobby. Pese a ello siempre supo encontrar el hueco para desarrollar sus habilidades. Las fotos de sus trabajos en las carrozas de la Cabalgata de Reyes cuando era miembro del APA del colegio dan fe de ello. Desde ahí ofreció y llevó a cabo una extraescolar de marquetería durante varios cursos en la década de los ´80.


“Pero un día me lancé, me comenta con entusiasmo, y me propuse reproducir el monumento de la Fuente Salobre de Fuentidueña. El resultado fue tan gratificante y recibió tantos elogios que continué con La Torre del Reloj y el Puente de Hierro. Todos esos trabajos los he donado desinteresadamente al pueblo y están expuestos en el Ayuntamiento junto a La Embarcación que años antes había donado Luis Martínez y que tuvo su papel hace años en la Representación de la Historia de Fuentidueña”.


Gabriel es un artista que trata con mimo la madera; saca de ella su lustre y dibuja en cada listón los detalles que la engrandecen. Le gusta dedicarle tiempo a las cosas pequeñas. Le pregunto por sus futuros proyectos y me dice que ahora está haciendo botelleros, pero que lo próximo que tiene en mente es hacer La Ermita de la Virgen de Alarilla. Se le iluminan los ojos cuando me dice que “tendrá el techo desmontable para que se pueda ver bien el interior con todo lujo de detalles. Es un proyecto ambicioso, pero si me pongo lo saco”, me termina diciendo.
Estoy seguro de que lo hará. La pasión con la que me cuenta cómo va a llevarlo a cabo es un buen inicio para comenzar el proyecto. ¡A por ello Gabriel!


Y gracias, artista

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