Ayuntar para remar y levantar banderas

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Con una incertidumbre tremenda se afrontó septiembre esperando con anhelo las Fiestas de la Virgen de Alarilla. La pandemia Covid parecía controlada. Parecía, porque a fecha de hoy sabemos que no. El cómo era la incógnita dado que el programan anunciaba casi un mes antes y dejaba claro los actos que se celebrarían.


Las Fiestas de la Virgen de Alarilla se vivieron “de aquella manera”, ajustaditas y controlando aforos con las medidas de seguridad recomendadas por Sanidad. Ha quedado para la Historia de Fuentidueña un Pregón y entrega de Balleneros con la Plaza ordenada en filas y acogiendo al respetable sentado en el recinto. Los homenajeados fueron atendidos como nunca, cosa que todos y siempre merecen. Junto a ellos posaron las autoridades civiles y religiosas en foto de familia llenando el bonito escenario donde continuaría minutos después el espectáculo musical.


La espina se vivió al día siguiente sabiéndose ya suspendida parte de la Procesión de la Virgen. El acto se limitaba al recorrido de la Embarcación y con estricto protocolo para nadadores y público, un Protocolo Embarcación que “ha venido para quedarse”, decía la Concejala de Fiestas en su presentación por RRSS.


Sin ver a la Patrona salir de la Iglesia, sin Procesión y merienda en la Ermita la Fiesta se quedó un poco huérfana de espíritu. Para evitar tumultos la pólvora puso un espectacular y más rotundo que nunca punto final. El domingo, casi por sorpresa, se expuso la Carroza con la imagen en la Plaza de la Constitución imitando la hora de costumbre.
En cada uno de los actos civiles hubo vigilancia privada para control de aforo con mascarilla y gel; “en los otros no hizo falta”. Otro dato para la Historia.


Tan orgullosos como estamos de nuestras Fiestas, hace veinte años declaradas de Interés Regional y con un expediente ya admitido para declararlas Bien de Interés Cultural y otro en estudio para catalogarla como Fiesta de Interés Nacional, quizás hubiera sido buen momento para mostrar una dosis extra de unidad y empatía.


Porque nuestra Fiesta sin Embarcación sería humo; y la Embarcación sin el arrope del resto de actos estaría algo coja.
Y es que para hacer navegar una barca siempre hacen falta muchos remos y para caminar por buen camino, ayuntar muchas ideas. Después, para levantar el mástil de la bandera, también deben estar todas las manos

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