Merce hace el camino «Una de las experiencias más gratificantes de mi vida».

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Mercedes Fernández

ESTE CONTENIDO HA SIDO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LA FUENTE DE LA DUEÑA Nº 155.

El 18 de mayo de 2019 me dieron una de las peores noticias de mi vida. El resultado de las pruebas que me estaban haciendo habían detectado un cáncer de mamá. Desde ese momento mi vida se puso patas arriba.


En todo ese caos que estaba viviendo, la cirujana que me iba a operar me dijo que estaban organizando hacer el Camino de Santiago con mujeres enfermas de cáncer de mamá. Querían concienciar a la sociedad de la enfermedad y de los beneficios que tiene hacer ejercicio y llevar una alimentación sana. Me propuso participar.


Pensé que estaba loca. ¿Cómo iba yo a poder hacer eso?


En marzo de 2020 terminé todo mi tratamiento. La actividad estaba en marcha y yo en la lista de las participantes. Llegó la pandemia y todo se paralizó. Este otro Camino del grupo de enfermas de cáncer de mama no se pudo comenzar.


Pasaron los meses siguiendo la evolución de la pandemia y en julio de este año acudí a mi revisión. La oncóloga me habló de nuevo de la iniciativa y volvió a proponérmelo. Tuve mis dudas. Había que recorrer 128 km con una media de 25 km diarios. Aun no estoy al 100×100, me dije. Pero mi hija me animó y volví a retomar el tema. ¿Por qué no? Si no lo intento nunca lo podré conseguir. Dije que sí.


El día 12 de septiembre comenzó nuestra aventura: el Camino Portugués. El grupo lo formábamos 12 mujeres de entre los 30 y 61 años que habíamos pasado por un cáncer. Nos acompañaban 8 sanitarios del Hospital Infanta Cristina de Parla. Un total de 20 personas a la aventura de recorrer este otro Camino.


Después de cinco jornadas de caminata el sábado 18 de septiembre llegamos a Santiago de Compostela. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida.


Los componentes del grupo hemos hecho el Camino Portugués con la variante espiritual. Ha sido un camino duro en el que siempre he estado acompañada de personas maravillosas y tan luchadoras; nunca les ha faltado la sonrisa, siempre pensando más en todas que en una misma. El personal sanitario que nos ha acompañado han sido y son de sobresaliente, ellos y ellas unos más en el grupo.


Mi hija, que lo dejo todo por acompañarnos, ha formado parte de esta experiencia única que jamás olvidaré donde he encontrado a 18 amigas nuevas y muchas motivaciones para seguir luchando contra esta enfermedad.


Desde aquí quiero animar a toda la gente que sufre esta enfermedad. Les animo a cultivar unos hábitos saludables haciendo ejercicio y tomando alimentos sanos. Y a todos los que tenéis la gran suerte de vivir en el campo aprovechad lo que os ofrece el lugar.


Nunca hay que darse por vencidos, paso a paso hay que seguir adelante. Como en el de Santiago, la recompensa está en la Plaza del Obradoiro. En nuestro caso, por muy duro que sea el CAMINO, nuestra recompensa es la VIDA.

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