A vuela pluma…pensando en los vivos, en el mes de los difuntos

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Esteban Garcia

ESTE CONTENIDO HA SIDO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LA FUENTE DE LA DUEÑA Nº 155.

Estrenamos este mes tradicionalmente envueltos en “el más allá”: fiesta de Todos los Santos y conmemoración de los difuntos. En estos días, en todos los lugares conocidos, se hace vivo el recuerdo de nuestros antecesores, parientes, amigos y conocidos, personas de toda edad que convivieron con nosotros, a los que algunos debemos hasta la vida, hasta físicamente, incluso otra considerada tan importante, cuya ausencia los llena de nostalgia, nos hace reconocer su valía, sentirnos deudores, con las manos vacías y el corazón encogido…. ¡Más humanos!


Unos, según los más religiosos, anónimos ellos, no reconocidos oficialmente como “santos”, pero que ante quien bien nos conoce-nuestro Padre Dios-han sido sencillamente buenos, hasta “santos de la casa de al lado”, como reconoció el Papa Francisco señalando a las muy variadas y buenísimas personas existentes en toda clase de religiones -y aún sin ellas- que actualmente gozan de la presencia de Dios en lo que denominamos “Cielo”. ¡Tantas y tantos!
Otros, que según nuestra tradición, habiendo pasado el umbral del final de su vida, no se han sentidos cercanos a Dios con la confianza de ser buenos hijos, y esperan con toda confianza en su misericordia divina, a ser admitidos en el grupo familiar como amigos y hermanos.


Por estos elevamos nuestra oración, nuestro buen hacer, para que se animen a decir su SÍ confiado en el buen Padre que siempre los espera, reconocer su error, pedir perdón si les hace falta, y ser acogidos como hijos “que se alejaron”, que “no acertaron con el camino adecuado”, que “no le reconocieron mientras vivían a nuestro lado”, y cuya vida fue difícil, sufrida y hasta un desastre, y puedan reconocer su error, su falta de vista, y ser dar pasos a su Cercanía.
Unos y otros pueden echarnos una mano para que seamos y actuemos de un modo nuevo, del que somos capaces, para hacer de nuestro hoy y aquí personas y situaciones diferentes, como necesitamos y ansiamos.
Hace unos días creo recordar haber visto la noticia de que en vuestro pueblo, Fuentidueña del Tajo, ese lugar que visitáis con frecuencia, donde viven personas muy queridas, de inolvidables recuerdos, el que habéis elegido para vivir, al menos descansar o dormir, donde habéis nacido, y deseáis morir, estáis en la tarea de demoler y restaurar el edificio de vuestro antiguo Ayuntamiento: el lugar de todos.


Me parece un buen momento, a la luz del mensaje venido del más allá de aquellos que en estos momentos recordamos, ponemos flores, y hasta por ellos rezamos, para poder mejorar en el hoy y aquí.


A la vez que surgen los nuevos cimientos, las paredes, la techumbre, y se abren ventanas y puertas, el lograr que nuestra realidad sea vista por todos, así como los deseos de mejora sean para el bien de todos. Y tengamos puertas siempre abiertas, especialmente para aquellos que pueden, entre nosotros, pensar que no serán bien recibidos o excluidos; esperando recibir a los más alejados; la buena acogida sea signo de amistad; nuestra mirada y escogidas palabras muestra de reconocida hermandad. Donde se fomente siempre “el bien del otro, el de todos”, y no, rompiendo la costumbre, el mezquino nuestro, el de nuestro grupo, el de los que nos parece que “son de los nuestros”, cuando no “el de nuestros amos”.


Recordemos el surgimiento de la entidad “ayuntamiento”: cómo surgió y para qué.
Sea vuestro nuevo ayuntamiento “nuestra casa”: la casa de todos.
Quien sabe si vosotros, considerados últimamente como “bastión”, podréis ofrecer una imagen viva, renovada, reconocida como hoy se necesita; y a la par de muros nuevos que pueden cobijar, sabéis poner “alma de buenísima acogida”.
¡Ánimo en la tarea! Y una buena y próxima inauguración.

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