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Dos actitudes para un futuro mejor

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Por Luis M. González

Siempre que tengo ocasión y que el tema lo permite, acostumbro decir a mis alumnos que sólo hay dos maneras de ascender en eso que llamamos pirámide social. Sí, ya saben ustedes, esa pirámide que aparece en los libros explicando las clases sociales; en la base, las clases más bajas y en la cúspide, el rey.
Pues bien, después de dibujarla y de preguntarles para situarnos como clase social, les pregunto que si ellos quieren ascender. La respuesta siempre es la misma. ¡Sí! Las razones son de lo más variopintas y darían para varias páginas de esta revista. Llegado este punto les explico que la forma más rápida de ascender es casándose con el príncipe o con la princesa. Aparece alguna que otra carcajada, alguna mueca y hasta alguna expresión del tipo “si hombre”. Desde que la entonces periodista Leticia contrajo matrimonio con el Príncipe Felipe, esta forma de ascenso rápido hace más verídico el ejemplo y se entiende a la perfección. Yo les dejo y continuo.

La segunda, les digo, es estudiar, estudiar… y estudiar. Me pongo serio y aquí siempre logro un silencio sepulcral. Creo que entienden bien lo que les trato de decir.

Estudiar es acudir cada mañana dispuesto a escuchar, aprender y jugar; es ser constantes, tenaces, perseverantes; es el trabajo —vuestro— de cada día. Estudiar es tener los ojos, oídos y resto de sentidos abiertos a lo nuevo y a lo que toca hoy; es la obligación que les hace fuertes. Es el único camino para hacer su futuro mejor. No fácil porque el futuro nunca lo es, pero sí mejor.

Y mezclándose con el esfuerzo que todo “trabajo” conlleva, “yo” comparto tiempo con los amigos, “tu” juegas, “él” se divierte y a todos… “nosotros, vosotros y ellos” nos aparecen experiencias nuevas. Nos equivocamos, acertamos, medimos capacidades,… despertamos intereses. De todo se aprende. De todo.

¿A algunos se les ha ocurrido insinuar que esta tarea está reñida con ser felices? ¿Hay algo más satisfactorio y gratificante que obtener recompensa por tu trabajo?
Bien lo saben los deportistas.

No hay recompensa sin esfuerzo. No hay futuro sin el paso que me toca dar hoy.
Dos caminos. Dos actitudes.
Casarse con el príncipe sin ser princesa es una carambola que sólo le pasa a una.

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