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El fortín que desesperó a Roma – Risco de Perales

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Fuente: ABC

Con leyendas se construyen los pueblos y en Perales de Tajuña, una localidad madrileña que no llega a los 3.000 habitantes, hay una que se transmite de padres a hijos. Tiene que ver con un risco situado a un par de kilómetros del centro del municipio. Allí hay decenas de cuevas horadadas en la roca de las que se sirvieron a antiguos pobladores para poner en jaque al todopoderoso Imperio Romano.

El origen de estas cuevas no está muy claro, ya que los investigadores han encontrado restos de diferentes épocas en la zona. Los más antiguos datan de hace 5.000 años, pero también hay vestigios del Paleolítico, la Edad del Bronce, del Hierro e incluso de la época romana. En este punto es donde se fragua la leyenda de ese pueblo de protomadrileños que vivieron en las cuevas y que desesperaron a las legiones romanas.

El relato se sustenta en una descripción que Plutarco, historiador y filósofo griego que vivió en el siglo I a.C., recogió en su obra «Vidas Paralelas». En esas líneas certifica la existencia de unas gentes «más allá del Tajo» que vivían en el interior de una roca con numerosas cavidades. En su momento fueron hasta cincuenta, pero poco a poco se han ido deteriorando por la fragilidad de los materiales constituyentes del risco y sus alrededores: yeso y arcilla. Precisamente a esto atribuye Plutarco que estos protomadrileños decidieran subir a la montaña a vivir en cuevas; el terreno no era favorable para construir a ras de suelo.

Acceder a las viviendas no era sencillo, como indica Javier Leralta en su libro «Madrid, cuentos, leyendas y anécdotas»: siempre tenía que haber alguien dentro de casa para echar una cuerda a los invitados. Sin eso, era prácticamente imposible subir.

Bien lo saben los romanos, que al intentar someter a este pueblo, tuvieron que exprimir su ingenio para sacar a estos inexpugnables pobladores del risco. Leralta explica que el general Quinto Sertorio obligó a sus tropas a levantar polvo para que se introdujera en las cavidades donde vivían los trogloditas. Hizo galopar sin descanso a los caballos para crear una nube que invadiera estas viviendas -que algunos con humor tildan como los primeros chalés adosados- para debilitar a los protomadrileños, que pronto quedaron ciegos y, en los peores casos, perecieron. No pudieron escapar del polvo y, al tercer día, claudicaron.

 

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