Inicio Tablón Otras cosas

Otras cosas

26
0
Compartir

Por Mayca Margon

No hay diferencias en la naturaleza lógica de los sentimientos aunque éstos aparezcan en caminos distintos como piedras en las que debemos tropezar, caer o no, resbalar y seguir. Todos los lugares destinados nos dejan en el mismo sitio, las metas impuestas terminan
en el mismo fin de viaje. Las cosas nos lo cuentan así.
Dedicamos las esperanzas alternativas a coleccionar objetos pues creemos que poseyéndolos seremos más humanos. Logramos hacer de los días poco a poco que sean más cortos y por lo tanto más corta la vida, ocupando las horas en reconstruir, reformar, adaptar, conservar por añadidura, sin caer en la cuenta que la vida ya es todo eso, sin darnos cuenta que no debe haber más, ni menos. Cosas, objetos, maderas, telas,  plásticos, piedra, metales, cuerdas que nos atan temporalmente los sentidos fijando los pasos que no damos por poseer más de ellas, y se convierten en seres con vidas paralelas a las nuestras, criticando obsesivamente nuestros actos, apurando los tiempos que ya no viviremos porque se han ahogado en ese mar de cosas. Se desatan los nudos y viajamos al espacio como esa nave interestelar sin trazas de vida en su interior y con rumbo sin definir; no se sabe cuándo ni dónde nos agarraremos al objeto material como si de un futuro planeta salvador se tratara y que ya nos aniquila sustancialmente de forma que la angustia vuelve a atarnos fuera de nuestras fronteras, para dejar de ser lo que consiguieron ser nuestros ancestros, recluidos también ellos a imagen y semejanza nuestra en lugares sin tiempo, sin espacio, sin salida que nos permita valorar lo que aún tenemos. No sabemos querer bien cuando mal queremos saber. Esas cosas, otras cosas. Intentemos resolver dentro de nuestras mentes de manera eficaz y sin omisiones
qué necesitamos ya no como humanos si no como seres etéreos cuyo centro y límites ya son ilimitados, sin algo, sin nada, sin comprometerse al cuidado de lo más valioso, sin obviar lo menos querido, siendo esencia de la existencia que todo lo puede porque todo está ahí. No tenemos grandes capacidades para enmendar el error que nos acoge si no tenemos ansias de ambicionar la tranquilidad que no nos gobierne, pero que nos envuelva. Tantas cosas, otras cosas.
Se otorgan tantas condescendencias con el beneplácito del poder adquirido que pierden identidad certera las cosas acumuladas en plazos indefinidos de muchos pequeños tiempos y de pocas posturas confiadas a la sensatez, a la tranquila experiencia que la impostura desmarca del viejo panorama quieto en la penúltima etapa. Ya no se confía en las verdades dichas, se aprecian más las mentiras compradas.
Dedicando los esfuerzos a poseer menos para conservar más lo adquirido, aquello que nos inculca la educación y la tolerancia, haremos de nuestro entorno el contexto propio de cada cual, con el ánimo condenado a traspasar el interior del otro, de quien se cree tenerlo todo por acumulación de objetos, de cosas… fingiendo que las otras cosas, esas… ya no están.

Dejar una respuesta