SE PONE EN MARCHA LAS COLONIAS DE GATOS CONTROLADAS

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Adriana Terranova

Tres vecinas de Fuentidueña ponen en marcha de manera altruista el control de colonias felinas. Adriana, Andrea y Natalia, en colaboración con el Ayuntamiento del municipio han colocado en determinadas zonas del pueblo el cartel identificativo como “Colonia Felina Controlada”.
El objetivo es cuidar y esterilizar a estos animales. En el cartel se advierte
que está prohibido molestarlos o alimentarlos dado que las voluntarias se encargarán de proporcionarles pienso.
También estará sancionado el hurto de la comida que se les proporciona.
Las COLONIAS FELINAS son un grupo de gatos que viven en las calles de un pueblo o de una ciudad, que conviven conjuntamente en una determinada zona elegida por ellos mismos; gatos que están solos ya sea por el abandono o por la simple casualidad de nacer bajo el techo celestial. Una colonia felina sin control y sin alimentación está condenada a la selección natural: pocos, mal vivirán, serán los más fuertes, y muchos morirán. Los que sobreviven son aquellos que vemos escuálidos, sucios, y penosamente metidos en los contenedores rescatando restos de comida y pedazos de pan. Y los que mueren son los que no vemos desfallecer por inanición o por la ingestión desesperada de sustancias tóxicas.
A pesar de tales circunstancias, los gatos gozan de fácil reproducción lo que hace que se mantenga y se multiplique el número de individuos.
Los gatos fueron amados y odiados a lo largo de la historia que comparten con la humanidad. Hoy día la sociedad está dividida y por lo tanto nos enfrentamos a la puja de objetivos: quienes los quieren matar y quienes los queremos ver vivos. Yo y mis compañeras formamos parte
del segundo grupo y muy lejos de hacer una guerra les ofrecemos nuestros servicios cuyo único interés es lograr una convivencia armónica y casi perfecta entre las personas y los gatos que también son habitantes legítimos. No son intrusos ni bichos dañinos; por el contrario, son la
barrera natural perfecta entre ellos y nosotros. Son integrantes imprescindibles de una cadena ecológica cuya finalidad es el equilibrio entre la vida y la muerte.
Una colonia de gatos sin control, no implicará la extinción de la especie. Pero lo que está comprobado es que la supervivencia digna de su corta existencia que en las calles no supera los 4 años, depende de las personas.
Y si nos jactamos de ser… humanos, y de poseer el dominio casi absoluto en virtud del exclusivo poder de la inteligencia, protejamos y amparemos a quienes carecen de ella. Si nos jactamos de evolutivos y progresistas, no permitamos que el bienestar y la dignidad sean privilegios exclusivos de la humanidad; convirtamos a los gatos en una especie protegida, intocable y respetable porque ellos tienen por Sí mismos el derecho a ser, a vivir y a gozar a cambio de su instintiva protección.
Si a los gatos les damos el mínimo de bienestar matarán menos gorriones, de lo contrario estos pájaros están condenados a desaparecer; si los alimentamos más individuos sobrevivirán y por tanto aparecerán menos ratas, serpientes y cucarachas.
Un gato hambriento es una molestia; es insalubridad, es una apariencia lamentable de cualquier punto social. Un gato alimentado y sano es imagen de la belleza genuina, de la sensualidad, de la tranquilidad
que se escapan por todo su ser; es la representación de la peligrosa libertad, de la mirada eterna indiferente; todo ello, constituye la esencia de estos animales que no puede desaparecer en una lucha incansable por la supervivencia. Entonces, de nosotros depende tener
las calles plagadas de gatos famélicos y enfermos, molestos y desagradables de ver, o mantenerlos con la plena vitalidad que de gusto mirar.
Por todo lo expuesto, en muchísimas ciudades de España y del mundo, se
practica de forma exitosa el plan CES que significa Captura, Esterilización y Suelta.

Esta es nuestra propuesta.

Después de toda una vida enfrentándome al señalamiento de la gente, al intento infructífero de hacer entender que el amor y la vida es algo más que nosotros mismos, he logrado el primer objetivo: llegar a la autoridad, al permiso, al consentimiento y a la libertad de protegerlos; pero ese primer objetivo no es mi mérito exclusivo. Fue el entusiasmo, el poder de convicción, el planteamiento puro y nítido de dos jóvenes y preciosas niñas que se plantaron ante el Alcalde: Andrea, una de mis hijas y Natalia Rojo, a quien quiero como si fuera mía.
Y fue la receptividad, la capacidad de diálogo, la disposición generosa y abierta, la mentalidad actualizada y joven, las ganas por cambiar los panoramas, el empuje y el entusiasmo convertidos en una inmediata respuesta positiva, de un Alcalde a quien le deberemos la existencia del cambio.
Todo eso, iniciativa, empuje y receptividad, han hecho que iniciemos un camino largo y difícil. Y por eso, invitamos a todos quienes quieran colaborar de la manera que puedan para poder darles a nuestros gatos, que son de todos y de nadie, que no tienen dueños ni hogar, el mínimo de bienestar.

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