Huérfana estaba la Vega

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Por Nacho Mora

Huérfana estaba la vega,

sin tesoro, tu altar.

El pueblo sin madre,

a la que su cariño mostrar.

Los hermanos se afanan,

una imagen hay que encargar,

y acuden hasta Sevilla,

para tu hechura labrar.

Hecha queda tu talla,

en un tiempo veloz,

mientras llegas a Madrid,

se va corriendo la voz.

A Fuentidueña ya vienes,

te han parado en el camino,

a ponerte las joyas,

de la Virgen del Espino.

Fuentidueñeros a tu encuentro

en «El Valle» esperando,

unos cantando alegres,

otros en silencio rezando.

Ya ha llegado el coche,

y al abrir el portón,

se estremecen los corazones,

henchidos de devoción .

Primero en silencio,

comtemplan la maravilla,

«qué guapa nuestra patrona»,

!Viva la Virgen de Alarilla¡

Despacito vas bajando,

Virgen sevillana,

pero llegando al castillo,

te has vuelto castellana.

Ya está aquí la Madre,

(te dicen tus hijos),

mientras uno a uno,

los pones a cobijo.

Hasta el esparto ha echao flor,

sabiendo que venías,

porque una atocha te cuidó,

el primero de tus días .

Y el Tajo al oír «vivas»,

ha cambiado dirección,

ansioso de mecerte

el Día de la Embarcación.

En la Iglesia quedas guardada,

se respira la emoción

ya no faltará Madre,

a ninguna generación.

Diecisiete de Septiembre

que no se olvide la villa,

que a nuestro pueblo vino,

desde la ciudad de Sevilla

nuestra patrona querida

la madre de Fuentidueña,

Virgen buena de Alarilla.

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