El Ferrocarril de los Cuarenta Días

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Fte. Puerta de Madrid Nº 1220

Si ustedes viajan por la carretera que enlaza los cercanos pueblos de Loeches y Campo Real podrán avistar, cómo paralela a esta carretera que discurre durante un buen tramo, la trinchera de un ferrocarril abandonado, la cual posee incluso varios túneles que actualmente están cegados. Esta antigua obra de ingeniería es la correspondiente al Ferrocarril de los Cuarenta Días, una importante vía de comunicaciones construida a toda prisa y en unas condiciones sumamente precarias en la Guerra Civil. Corría febrero de 1937, justo cuando se inició la Batalla del Jarama. La estrategia del ejército nacional durante prácticamente toda la guerra fue la de cercar Madrid como paso previo a su conquista. Ocurrió por el norte, el oeste, y el sur, pero no por el noroeste (Alcalá) ni por el este (Arganda), de manera que Madrid pudo mantenerse enlazada con las importantes zonas republicanas de Cataluña y Valencia a través de la Carretera Nacional III, vital para la República dado que la Nacional II quedó cortada entre la provincia de Guadalajara y la de Zaragoza ya desde el inicio del conflicto. Esas eran las intenciones de los mandos nacionales al provocar simultáneamente las batallas de Guadalajara y el Jarama, cortar el único cordón umbilical que unía a Madrid con el resto de la zona republicana. Su derrota en ambas batallas frustró sus planes y, probablemente, salvó a Alcalá de convertirse en un campo de batalla.» Pero si estas batallas, y en especial la del Jarama, no consiguieron su objetivo, si crearon una situación sumamente angustiosa en lo referente a los enlaces ferroviarios que, tras la estabilización del frente, quedaron así: la línea Madrid-Zaragoza estaba cortada a la altura de la provincia de Guadalajara y la de Madrid-Valencia, cortada a la altura de Getafe. El tren de vía estrecha de Arganda y del Tajuña se vio interrumpido en Vaciamadrid e, incluso en agosto de 1938 quedó interceptada la línea Madrid- Zaragoza a la altura de Vallecas. Esto obligó a sustituir ese tramo por un trasbordo en Vicálvaro al ferrocarril del Tajuña en el tramo comprendido entre Madrid y la capital. La situación de los enlaces ferroviarios era desesperada para Madrid, el resto de las líneas férreas (las del norte, Galicia, Extremadura y Andalucía) tampoco eran utilizables por discurrir a través del territorio nacional. Las autoridades republicanas se vieron forzadas a ordenar, a principios de 1938, la construcción del enlace ferroviario conocido con el nombre de Ferrocarril de los Cuarenta Días en razón de que las circunstancias bélicas obligaron a imponer ese plazo perentorio para su construcción. En realidad no fueron 40 días, sino tres meses lo que se tardó en su ejecución, toda una proeza teniendo en cuenta tanto la respetable longitud de su trazado (Torrejón-Tarancón) como las precarias condiciones en que se realizó, con el frente al lado mismo del Tajo. En su construcción participaron presos políticos que fueron utilizados como trabajadores forzados. La idea que justificaba su construcción era sencilla, el ferrocarril Madrid-Zaragoza estaba expedito hasta la provincia de Guadalajara (su interrupción a la altura de Vallecas no tuvo lugar sino hasta varios meses después) mientras que la línea Madrid-Valencia era utilizable en toda su longitud excepto las cercanías de Madrid. Era factible hacer un enlace que, arrancando de la línea de Zaragoza, salvara las líneas del frente para ir a conectar con la línea de Valencia a la altura de la localidad de Tarancón. El tren de Arganda – o el del Tajuña- no era utilizable para estos fines por ser vía estrecha, estar cortada la línea en Vaciamadrid y desviarse hacia Mondejar y el sur de la provincia de Guadalajara en lugar de dirigirse hacia la de Cuenca. Pero sí que pudo ser aprovechado en parte el trazado de Ferrocarril de la Azucarera, un ramal de vía estrecha que partía de la estación de Torrejón para, pasando por Mejorada y Velilla, llegar a la azucarera de La Poveda, situada en las cercanía Arganda. Entre Torrejón y Mejorada este primer tramo de ferrocarril estratégico discurriría sobre el trazado del ya existente ferrocarril de la Azucarera, aunque con la vía estrecha sustituida por una del ancho normal. A partir de Mejorada su trazado sería ya de nueva construcción discurriendo por las cercanías de Loeches, Campo Real, Pozuelo del Rey, Nuevo Baztan, Villar del Olmo, Orusco -aquí está la línea que se cruzaba con la del TajuñaEstremera, Fuentidueña y, por último, Tarancón, donde enlazaba con el trazado de la línea Madrid-Valencia. Se construyó de forma precaria y urgente y, hasta por culpa de la escasa altura de los túneles, los maquinistas se vieran obligados a pasarlos a toda velocidad para evitar ser asfixiadas por los humos de la locomotora. La línea ferroviaria entró en servicio en marzo de 1938, siendo utilizado hasta final de la Guerra principalmente para el abastecimiento de alimentos a la sitiada capital de España. Una vez concluida esta y reparada la red de ferrocarriles el Ferrocarril de los Cuarenta días no tenía ya razón de ser, siendo clausurada la línea en 1940 y el tendido desmantelado. Hoy únicamente quedan las trincheras y los túneles como muestra de un intento que, mientras duro la contienda, cumplió su cometido. En la actualidad tan sólo queda un corto ramal que enlaza la estación de Torrejón con los cercanos depósitos de Campsa ubicados junto a confluencia de los ríos Henares y Jarama.

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