El día en que el Alcalde de Fuentidueña ofició esponsales

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ARTÍCULO RECOGIDO DE LA EDICIÓN IMPRESA DE EL PAÍS PUBLICADO EL DOMINGO 25 DE MAYO DE 1986.

Andres Manzano

Enlace matrimonial civil de Jesús y Maribel, la primera boda oficiada por un alcalde en la región madrileña. Se pone en práctica en Madrid la reciente disposición del Ministerio de Justicia para bodas.
Los vecinos más viejos del lugar se hacían cruces, no entendían nada; sospechaban que era una broma de mal gusto, hasta el punto de que el alcalde de Fuentidueña de Tajo, el socialista Pedro Mora, tuvo que advertir previamente que la boda era perfectamente legal y que él, como alcalde, y en virtud de una reciente disposición del Ministerio de Justicia, tenía potestad para oficiar esponsales: el sábado 17 de mayo, a las cinco en punto de la tarde, Pedro Mora casó a dos jóvenes de la localidad, Jesús y Maribel, en la que ha sido la primera boda oficiada por un alcalde en la región madrileña.
Fuentidueña de Tajo es una pequeña población, a unos 60 kilómetros de Madrid por la carretera de Valencia, ole 1.200 habitantes. Se conocen todos. Los novios, Jesús Zafra y María Isabel Martín, de 27 y 26 años, respectivamente, nacieron allí. Él, funcionario en el Ministerio de Agricultura, servicio de Extensión Agraria; ella, aún sin trabajo. Los dos sobrellevaron con paciencia y buen humor los avatares del anuncio de su boda y la sorpresa que causó en el vecindario, sorpresa un tanto teñida de escándalo para los ancianos, que no acababan de entender cómo era posible que el alcalde casara en el salón de plenos del Ayuntamiento. El día señalado, el salón de sesiones, limpio a conciencia y adornado con jarrones de flores, estaba abarrotado por familiares de los novios y los curiosos que habían conseguido sitio, pero, un número aún mayor de vecinos permanecían en la plaza, esperando la salida de los recién casados. La ceremonia apenas duró 10 minutos.
La explicación del evento figura en la instrucción de la Dirección General de Registros y Notariado de fecha 28 de noviembre de 1985, publicada en el BOE del 4 de diciembre, según la cual en aquellas localidades en que no exista juzgado de distrito los alcaldes están facultados para oficiar bodas.
El disgusto del cura. Esa reciente instrucción le vino como anillo al dedo a Jesús Zafra, primo del alcalde, con quien, varias semanas atrás, había comentado las molestias que su boda iba a causarle. La mayor de ellas, la necesidad de casarse en Arganda del Rey, localidad con juzgado de distrito de la que depende Fuentidueña para asuntos de este tipo.
La pareja, obviamente de ideología laica, había decidido casarse por lo civil, pero se encontraba con la adversidad de que en su pueblo no existe juzgado de distrito; el más próximo está en Arganda del Rey, pero, al margen de los papeleos del expediente matrimonial, no les apetecía obligar a todos sus invitados a desplazarse hasta allí. La solución perfecta, posible legalmente desde el 4 de diciembre era que les casara su primo y en el Ayuntamiento, como señala la ley.
El alcalde envió la tramitación al juez de distrito de Arganda; allí se hicieron públicas las amonestaciones, se cubrieron los plazos y se fijó el día de la boda para el sábado 17 de mayo. La novia llevaba un vestido de calle, rosa, «muy bonito», dice el alcalde; y el novio vestía de sport, con chaqueta color ceniza de diseño a la moda.
«Al comenzar la ceremonia, yo pregunté en voz alta si alguien tenía algún impedimento para que se celebrara», explica Pedro Mora. «Luego leí los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil, pregunté a los novios si se ratificaban en su intención de contraer matrimonio, me dijeron que sí y se pusieron los anillos». Luego se fueron todos a un chalé de Los Berrocales, en Torrelodones, a celebrarlo.
«La gente del pueblo se hacía lenguas y murmuraba que cómo era posible que yo pudiera casar a alguien», continúa el alcalde, «y más de uno pensaba que podía tratarse de una broma pesada, un tanto sacrílega. Sé que al cura del pueblo no le ha gustado nada, aunque no ha puesto ningún impedimento. De todas formas, el Ayuntamiento explicó días antes que la boda era en serio y que «la instrucción de Justicia permitía que yo oficiara el matrimonio». «A la gente joven del pueblo», añade Matilde, una amiga de los novios que, asistió a la boda, «le pareció muy bien que se casaran así y lo encontró divertido. A los más viejos les pareció demasiado original. Lo pasamos muy bien; los novios y el alcalde son gente muy maja».

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