Un final que no tocaba

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MLuz Dominguez

Dice Máximo Huerta en su libro “Intimidad improvisada” que “los guionistas de la vida nunca tienen suficiente”. Lo peor de todo es cuando esos guionistas de la vida le dan al guion un giro argumental que cambia la cadena de acontecimientos. Y en la vida no puedes ver que es una secuencia de imágenes que se va al negro porque apagas la tele o sales del cine o del teatro. Esta vez se va al negro de verdad, al negro del luto.

Un luto por un final demasiado temprano para Maribel y para Evangelina. Un final que no tocaba. De Maribel conservo aun en el móvil algún que otro mensaje de felicitación sencillo, pero con trasfondo de autenticidad. Llevó el valor de la discreción por bandera porque de eso, de valores, cada día carecemos más. Casi parece mentira que ya no vuelvas a cruzar San Andrés camino de la calle del Hornazo tras haber realizado tu jornada laboral en la Residencia. Para el recuerdo quedan ya los momentos, algunos de los que tuve la suerte de captar en imágenes, de días de elaboración de gachas y tortillas para conmemorar esas tradiciones nuestras en la Fundación Manzanares.

De Evangelina me llevo la sonrisa que será eterna. Una sonrisa de domingo en la calle Virgen de Alarilla cuando por casualidad nos encontrábamos al visitar a la abuela Julia y al abuelo Pepe. Una sonrisa que pusiste para pintar de color los días mas tristes de una enfermedad que es tan injusta como cruel. Una sonrisa que engrandeció a quien la recibió. Demasiadas despedidas para los Domínguez en los últimos tiempos. Demasiadas que no tocaban.

Si las palabras transmiten ideas, historias y momentos, estas hoy, van por ellas porque el guion llegó a su fin pero el camino que recorrieron quedará siempre en los corazones de las personas que os rodearon y eso es imborrable.

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