La Guardia Civil cree que el asesino de Chapineria podía haber matado a otra mujer en la «casa del Whisky» de Estremera

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Nacho Abad para El Confidencial

ASESINATO EN «LA CASA DEL WHISKY»

La Guardia Civil cree que el asesino de Chapinería podría haber matado a otra mujer el pasado mes de febrero en Estremera

Hace justo una semana los vecinos de Estremera contemplaron con curiosidad cómo los guardias civiles del GEAS (Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil) se introducían con todo su instrumental en las gélidas aguas del río Tajo a su paso por la localidad. Los curiosos se arremolinaron en la orilla y sobre el puente de la carretera para observar qué hacían. A pesar de que las mascarillas les cubrían boca y nariz y de que no se podía observar si movían los labios, el vapor de la respiración delataba el intercambio de opiniones. «Estos están buscando en el fondo del río a Araceli, la que vivía en ‘La casa del whisky'», concluyó uno al ver cómo los buzos se sumergían una y otra vez y revisaban el fondo del cauce.

El rumor se fue propagando casa a casa y pronto se juntó una pequeña multitud que contempló además cómo varios guardias civiles entraban a registrar la que conocen por ‘La casa del whisky’, ya que pertenece a los dueños de una destilería cercana. Se trata de un terreno amplio en el que hay dos casas construidas, las dos abandonadas y que han sido okupadas en numerosas ocasiones. «Estos andan buscando a la Araceli, que desapareció en el mes de febrero y ya no volvimos a verla», comenta un paisano mientras el resto asiente.

Se nota que las dos casas están abandonadas. Dan pena. El terreno está lleno de basura, ropas viejas y sucias tiradas en el suelo, cartones de vino vacíos, cristales y hasta un par de hogueras. Ninguna de las dos edificaciones tiene puertas y apenas resiste un cristal de una ventana del que cuelga un dibujo de una Virgen bocabajo. A pesar de ello, el sitio era un lugar cotizado por los okupas, por su amplitud y porque apenas tenía humedad. La última en residir en su interior fue Araceli, una mujer de la que nadie se pone de acuerdo en su edad. «Tendría entre 50 y 60 años», me cuenta el dueño del restaurante El Quijote, que está a 200 metros del lugar.

«Se le notaba ya la cara vieja. Venía muchos días a mi bar a tomar café. Hablaba de finanzas y decía que se dedicaba a vender inmuebles, hasta ofrecía que le comprasen ‘La casa del whisky’, que ella okupaba y todos sabíamos que no era suya. Estaba un poco grillada de la cabeza. Yo la empecé a echar de menos a mediados de febrero cuando vi que su vecino iba con el perro de ella. Le pregunté y me contó que lo había encontrado abandonado. Araceli quería mucho al animal, ella jamás lo habría abandonado, pero, como comenzó lo de la pandemia, yo ya no presté mucha más atención», reconoce.

Los vecinos cuentan que durante meses vivió sola hasta que de repente, entre enero y febrero, se fueron a vivir con ella un tal Emilio y su novia África. «Emilio tenía otra casa okupada, pero decía que era muy húmeda. Debió conocer a Araceli y ella le invitaría a que los dos vivieran con ella», cuenta el dueño de El Quijote. «Decía que tenían frío, pero, en vez de comprarme leche y calentarla, Emilio venía a mi bar a comprar vino. Había días que me compraban hasta cinco litros del golpe. También le acompañaba su novia, que decía que estaba embarazada. Me pidió trabajo una vez, pero le dije que no podía contratarle. Ellos también desaparecieron en febrero, al tiempo que Araceli. No sé más. Esto es lo que les conté a los de la Guardia Civil cuando me vinieron a preguntar. Tuve que ir incluso al cuartelillo».

Emilio y África se hicieron tristemente conocidos por el asesinato de Chapinería. Él se encuentra en prisión después de confesar que había asesinado a su suegra, la madre de África, de una puñalada en el cuello en medio de una discusión. Ella, la hija y exnovia de Emilio, fue sospechosa de haber participado en el crimen, pero finalmente quedó en libertad cuando él aseguró que lo había hecho todo solo. La propia hermana de África, Marisa, no la cree. Está convencida de que, aunque todavía no haya pruebas contra su hermana, los dos asesinaron a su madre. De hecho, de alguna manera Marisa se enteró del asesinato de Araceli, probablemente se lo confesó alguno de los dos, e informó a los investigadores del grupo de homicidios de la Guardia Civil de Madrid de sus sospechas.

África, que dicen que se ha echado un nuevo novio y ya se ha olvidado de Emilio, no recibe apoyo ni de su propia hija. Cuando quedó en libertad por el crimen de Chapinería, África trató de hablar con ella para decirle que era inocente y que esperaba que Emilio «tenga cadena perpetua», pero la niña se negó a escucharla y le respondió: «No se te ocurra volverme a llamar en tu vida, sinvergüenza. Espero que la ley te haga pudrirte en la cárcel y que el recuerdo de los abuelos te persiga hasta la eternidad. No tienes perdón de Dios. Has perdido a una madre, a una hija, a una hermana y a toda tu familia. Tú y tu novio os merecéis el peor castigo que alguien pueda tener, descuartizar a la pobrecita que solo te dio un hogar donde estar. Me has jodido la vida y no te lo perdono. No sé cómo has tenido la poca vergüenza de escribirme. Ahí te pudras en la cárcel, que es en el lugar donde te tienes que quedar».

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