Peloteando con Terrés entre Colmenar y Fuentidueña

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Pedro A. Mora

Terrés que es como se le conoce popularmente. Fue un jugador de fútbol aficionado de referencia en la Comarca y sobre todo en Colmenar de Oreja donde, si preguntas por Jesús dudan pero si dices Terrés te llevan a la puerta de su casa. Allí fue todo un ídolo. Como jugador sin dilación te dicen: “El Mejor, Galán. Jugaba de delantero, de 10, organizador, definidor, corría como ninguno, atacaba, tiraba con las dos piernas, cabeceaba y defendía si era necesario; un jugador noble, sencillo, solidario, deportista, trabajador infatigable. Tenía una clase futbolística de diez”.


Jesús Terrés Fernández conocido aquí como “CATIN” nació en Fuentidueña y aquí vivió hasta los once años. Su padre era empleado de la fábrica de harinas y al clausurarla les ofrecieron la posibilidad del traslado a la que tenía en Colmenar de Oreja los Aguado. La familia se trasladó a Colmenar. Nuevo colegio, nuevos amigos, nuevo ambiente, nuevas culturas, nuevas tradiciones, porque aunque las distancias son cortas a veces son espacios que hay que acortar integrándose poco a poco.


Jesús era un muchacho despierto, muy enrollado con sus amigos del barrio en torno a la calle Bajada al Río donde el vivían Manolo y Paquito Domínguez, Manolo Martínez, Juan Zafra, Pepe, Pedrín, Pedrito “el Malo”… Nadaba como un delfín, corría como un gamo y con el tirachinas, donde ponía el ojo… pájaro o paloma al suelo.


En el fútbol pachanguero de aquellos primeros años jugábamos los “barrio contra barrio” en la Plaza que hoy es la del Parque, en la era de la Amalia. Algunos no querían jugar si jugaba él si no jugaba solo de defensa.


Con los mayores comenzó muy joven, jugaban en la era de “detrás de la fábrica”, en las Bachas y en la era de Zacarías estaba el Campo donde se jugaban los partidos oficiales “pueblo contra pueblo”.


“En aquellos partidos interminables jugando con los mayores destacaban Mariano “el Yesero”, Felíx, Juliete y Antonio; estos últimos chicos también tuvieron que marchar a Colmenar por las mismas circunstancias yo”.
Pronto se integró y comenzó a jugar defendiendo los colores del Colmenar donde destacaba en los partidos de los pueblos de la Comarca junto a sus dos amigos fuentidueñeros. Después, en una Competición que llamaban de Madrid-Toledo, fue seleccionado como uno de los mejores jugadores. El Aranjuez le “echó el ojo” y le quiso fichar. Otros ojeadores de equipos de Madrid estuvieron tras él. En un partido de Fiestas Colmenar-Real Madrid –amateur- el entrenador se interesó seriamente por él.
Con los que he contactado de aquella época me hablan de Jesús como un gran futbolista y un fenómeno como persona. Le daban “leña” por todos los lados pero nunca se quejaba; era el máximo goleador.
Los de Colmenar cuentan que “entonces jugábamos con diez zambombos y una figura porque empezábamos los partidos con diez hasta que llegaba Jesús corriendo de arrancar garbanzos o almortas y, pasaba lo que pasaba. Su forma de jugar entusiasmaba a todos aficionados, compañeros y adversarios”


“El que mejor me cubrió fue Juliete en los partidos locales -dice en su sencillez-; luego estaban Vázquez y Chazarra de Villaconejos que eran durillos”.


La sencillez de Jesús se demuestra con esta anécdota en la mili. Hizo el campamento en Alcalá. Cada compañía formaba un equipo para una competición de fútbol. Él no se apuntó viendo que uno decía que jugaba en el Alcalá, otro en el Pegaso y otros en regional.


Se formaron los equipos y un día pidieron voluntarios para un partido de entrenamiento contra uno de ellos. Cuando le vio el capitán de la compañía, le dijo: “Tú de titular en el equipo. ¿Por qué no te apuntaste si tu juegas más que todos ellos juntos?”.Fueron Subcampeones de Liga.


Jesús confiesa que el fútbol fue su pasión y jugar su ilusión. Pero se encontró con los imponderables, primero su trabajo en la agricultura con jornadas interminables en tiempos de recolecciones y después que su padre estaba en contra de que jugara. También estaba en contra su novia, luego su mujer. Se oponía a que jugara, sobre todo cuando jugaban fuera y llegaba tarde a buscarla. “La hora y media del partido era mi tiempo más feliz”, ratifica.


En una rueda de opiniones entre los que jugaron con él y los que le vieron jugar le califican como un fuera de serie difícil de comparar. Era jugador de fondo, organizador, goleador y sobre todo su noble, sencillo y con gran deportividad. Nunca se quejaba de los defensas por terroríficas que fueran las entradas de las entradas. La mayoría, que nadie se ofenda, le comparan con Di Stefano, por su capacidad por su fútbol total.


Jesús tiene cierta nostalgia de sus primeros años en Fuentidueña, de sus amigos, cuando jugábamos y se pinchaban las pelotas de goma y corríamos para que Eusebio nos pusiera los parches; de aquellos partidos con los mayores, de cuando se cruzaba el río para traernos uvas a los más pequeños, de cuando trillaba con su tío Ángel “Canijo”. De cuando le hicieron cortar las gomas de su tirador por romper un nido de golondrinas… Tantos recuerdos le emocionan.


Terrés, pásame al hueco por la banda izquierda que yo te devuelvo la pelota para que remates a gol.


Ha sido un placer conversar con él.

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