Plato único

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Mayca Margon

“Hoy comemos gachas”. Es lunes, puede que martes. Sé que no es sábado porque los sábados hay cocido. Y no será domingo que en domingo se come paella. De manera que lo qué es seguro es que es un día entre lunes y viernes. Pero ocurre que los lunes hay lentejas, así que será martes o miércoles, pues los jueves se cocina judías y mejor si son judías pintas.
Definitivamente es martes, sí martes. El miércoles por caer en mitad de semana se recurre a la dieta de ensalada o a los recortes de sobras.
Y como es martes, comemos gachas.
Curiosamente no sólo en casa comeremos gachas. Compruebo que la carnicería ha vendido todo la panceta, ingrediente principal e insustituible para unas buena gachas. “Parece que se pongan ustedes de acuerdo. Ya ayer tarde vendí toda la panceta” “¿Y cómo es eso?” “ Eso mismo me pregunto yo: por qué los martes cocinan gachas. Los lunes vendo más chorizos y los jueves más morcillas. Ronda una telepatía colectiva de plato único en este pueblo”.
¡GENIAL! ¿Verdad?
Y ahora reflexionemos, que el tema lo merece.
Seguro que hay más “platos únicos”. Existen, claramente, muchas más coincidencias en el imaginario colectivo: un domingo cualquiera asiste a la iglesia más personas sin causa que se sepa, otro día en la plaza se vende más plátanos o los comerciantes no tienen, ninguno de ellos, espinacas, o en los bares de repente la clientela se marcha sin que haya un motivo que explique la
desbandada. A veces el actor principal durante la trama de la película nos cuenta que las coincidencias nos existen, e incluso como asegurarán los videntes y echadores de cartas de forma contundente, el destino está escrito; repetimos, si las coincidencias no existen, ¿qué es lo que SÍ existe?
Imaginemos una nube transparente con forma de cerebro gigante y neuronas con tentáculos como rayos, por seguir con la similitud. Y en esta nube los rayos que previamente han captado, a saber por qué ley física, los deseos individuales de cada individuo, valga la redundancia, almacenándolos en el gran cerebro colectivo, para que después de condensarse caigan en forma de gotas, igualmente transparentes, que se convierten en pensamientos, en deseos irremediablemente destinados a cumplirse.
Esto explicaría lo del plato único.
La conclusión o conclusiones, en definitiva, el informe final de las mismas nos lleva a admitir que la telepatía existe, está, nos dirige y nos condena, nos indica y nos redime. Es invisible, extensa, y dictatorial. Y no señalaremos más adjetivos, que queda pesado en una descripción que se precie. Lo que sí puede resultar conveniente es que cualquiera de nosotros que tenga o tengamos un amigo científico, psicólogo, y casi sin estar demás hasta psiquiatra, por no decir vidente o echador de cartas, nos asesorare sobre lo aquí expuesto, sin ánimo de lucro, que queda muy bien decirlo, y sin interés en ser premio Nóbel, claro está.
Lunes lentejas, domingo paella. A comprar panceta. Salud y buen provecho.

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