Rubalcaba Alfredo Pérez. Un político de verdad

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Le conocí a mediados de los setenta en el XXVII Congreso del PSOE, el primero en el interior junto a los jóvenes Lissavetsky, J. L. Fdez. Noriega, Fernando Ledesma…de la ASU, que dieron la nota de rebeldía al enarbolar la bandera tricolor republicana al canto de la Internacional. Más adelante con el partido legalizado te le encontrabas en reuniones, cursos, en los Comités Regionales de Tomás Bretón, o en los Cursos de Formación política y sindical de UGT-PSOE en la Fundación alemana Friedrich Ebert, al que asistía con mi amigo el cura-obrero Salvador González.
Estando ya consolidada la Democracia y siendo Subsecretario de Educación con Solana de Ministro, en un Comité Regional me comento: “Alcalde tienes un local junto al colegio para un aula dedicada a Casita de Niños”. Yo no sabía que era, pero sonaba bien. “Si no la tengo la invento”, le contesté. Entonces Alfredo trabajaba en la confección de la Ley de Educación, LOGSE. En su equipo tenía a un buen amigo, el navarro Joaquín Pascal, y quería poner en marcha alguno de los proyectos de la Ley. Así tuvimos en Fuentidueña la posibilidad de establecer la primera Casita de Niños de la CAM, que por entonces presidía Joaquín Leguina.
Más tarde me llamó su secretaria y me comento: “de parte del Subsecretario Sr. Rubalcaba que recibiera a Joris Yvens, que quería hacer una visita al pueblo”. Al Director Internacional de Fotografía la habían otorgado la Medalla de las Bellas Artes, era el director del documental “Tierra de España” y quería visitar los lugares donde se rodó. Yo había escuchado a los mayores que se había rodado en la Guerra Civil una película, pero nadie tenía datos claros de aquella filmación. Acompañaba al director de cine una delegación del Ministerio con un traductor y varios periodistas. Efectivamente Joris Yvens quería visitar los lugares donde rodaron el documental junto a los otros directores John Dos Pasos y E. Hemingway. Le iba contando al traductor dónde habían rodado, la casa donde se hospedaron y hasta nos pareció que dijo que aparece Raimundo Mora de niño en el films. Ni uno ni otro se reconocieron al verse. Lógico. Pero si se acordó Raimundo de que uno llevaba una bota y bebia Whisky. “Ese era Hemingwy”, dijo Joris Yvens.
Nos comentaron que la película estaba en la Filmoteca. Más tarde Rubalcaba me llamo para darme las gracias por la acogida, momento que aproveche para solicitarle la posibilidad de proyectar el documental en el cine para que lo viera el pueblo. Se proyectó con traducción simultánea ya que estaba en inglés. Descubrimos a Julián Saldaña, uno de los protagonistas, y a Raimundo, el niño que sale con una cuerda y que les acompaño en el rodaje. No quiso intervenir.
En una de esas reuniones del Partido le pedí a Rubalcaba si era posible conseguir una copia. La recibimos traducida unos días después. Así de corresponsable era nuestro amigo y compañero Alfredo.
Teníamos una relación de compañerismo y amistad cordial cuando nos cruzábamos en tareas orgánicas. Cuando me veía me saludaba preguntando: “Alcalde cómo va la Casita” o “Ya me ha comentado Lissi, (Lissawesky muy amigo suyo) de tu afición”. Desde entonces ya cuando nos veíamos me decía “Hola torero”. Él no era aficionado pero eso no fue impedimento para seguir con buena sintonía.
Por entonces teníamos necesidad de ampliar aulas en el Colegio, lo habíamos solicitado a la Comunidad y no llegaba. Fui a verle al Ministerio, a pesar de sus responsabilidades me recibió. ¿Tienes suelo?, me preguntó. “Sí no lo tengo lo pinto”, le contesté. El Ayuntamiento adquirió la era de Pedro del Olmo y una vez más con la colaboración de Alfredo (así le gustaba que le llamaran) se construyó la ampliación del actual Colegio ALARILLA.
Alfredo era un hombre de partido hacendoso, llevando a cabo reuniones maratonianas, hasta elaborar las mejores ponencias y acuerdos, trabajando incansablemente en el despacho ministerial para elaborar las leyes y disposiciones del Gobierno para hacer intervenciones clarividentes en el estrado del Congreso, aunque no era mitinero y se escabullía cuando podía de anunciarse en los carteles de los mítines de campaña. Me acuerdo que en unas Elecciones Generales me llamó para pedirme que solicitara su intervención en el acto de campaña de la Agrupación de Fuentidueña, me quedé extrañado, sabiendo que no le gustaba. “Veré si me hacen caso los de organización”. Me fui a la FSM y al responsable de actos le dije “Quiero que nos pongas a Rubalcaba para nuestro acto”, le comenté. “Estás loco. ¿Tú crees que va a ir a tu pueblo?”, me respondió. Vino. Fue un domingo por la mañana. Quedamos a tomar café. Llegó en su coche particular y dio uno de los mejores mítines, la mejor intervención política que yo recuerdo. De vez en cuando me lo comenta. Susana que se quedó impactada, como la mayoría de los asistentes.
El día 20 de noviembre se presentó en la Fundación Felipe González el libro “RUBALCABA. Un político de Verdad”, de Antonio Caño. Una semblanza de la vida política de este gran político, que fue Alfredo y que tanto aportó a la política de nuestro país.
Ya he leído el libro donde se desgrana su vida personal, familiar y política pero he querido empezar analizando mi relación personal con él. Más tarde analizaré su trayectoria desde todos los ángulos, desde mi relación personal y desde lo que me ha aportado este libro.

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