Joven mente, Joven alma

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Mayca Margon

Joven que te quiero joven. Joven en viento, joven en rama. Madurarás en la tierra y romperás el aire con tus bailes. La voz rasgada de tu juventud se hará oír siempre que llames con recelo al tiempo tiempo y al pan, pan. No es el tiempo quien te habita. Son las horas que no vivirás las que mudan tus ganas.


Con la bata de guatiné te he visto mil veces. Con el moño recogido y tus manos engarfiadas recogiendo las manzanas para ofrecerlas a los tuyos. Amarillo el cabello espeso que enmarca el gesto decidido de tu rostro. Y de tus ganas.


Te sientas donde siempre te he visto descansar, a la vez que recoges tus piernas, pero no te avergüenzas, es que ya no saben estar parados tus pies. El pecho sube y baja dentro de esas telas que abrigan tu frío, con la respiración contenida al revivir aquellos días que no se contuvieron.


Miras a tu alrededor con el brillo que guardaste para vestir tus ojos cuando se cansan. Y te alejas mientras te acercas a tu libertad.


Quiero ser como eres porque eres como soy yo. No hay espejo que te cuente tus memorias. La memoria eres tú, y es la única lucha que te importa. En mi diario no escribo más que lo que en ti veo. Te ayudo a conseguir tu objetivo aunque no me lo hayas pedido.


Con los calcetines de lana que mil veces he recogido de tu cama y que no necesitas ponerte porque ya tus sábanas recogen el sabio calor que conseguiste te habitará siempre, con esos calcetines de lana, sé que haces ovillos para tejer el manto de tu alegría. Y me dejas que te ayude con las madejas y me enseñas a estirar los hilos a mi conveniencia.
Tan joven estás que pienso tener yo mil años más y tu mil menos. Se te sale el alma por la coronilla y revolotea haciendo piruetas entre el arco iris de tu sonrisa. Y se muda el color de tus mejillas que mantienen la pelusilla de los melocotones. Tan joven estás. Tan joven te ves.


Una sosegada inquietud leo en la comisura de tu boca cuando se te escapa el rechazo a las cosas banales y la paciencia que tuvieron los días que no existen se amortigua con los latidos de tu corazón. Tienes retenido un don en el dulce hogar que ha creado tu mente, y cuando abres la ventana para que se airee no quiere más que alegrarse con tus suspiros. Alma joven. Joven de alma.


Segundo tras segundo la vida te agradece que vivas. Joven que te quiero siempre.

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