Orgullo de abuelo

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Pepe Balboa

Tal vez el título resulte algo rimbombante, pero no puedo negar que mi orgullo de padre y de abuelo, alcanzó cotas impensables y muy difíciles de alcanzar para el común de los mortales. Que, ¿cuál fue el motivo? Sencilla y llanamente que mi nieta más joven, solo tengo dos, Irene, interpretaba un papel muy importante en un musical en Monte Carmelo (Madrid) en el Auditorio Plácido Domingo.


La obra, Antígona tiene un Plan, la organizó la Academia Jana con una buena parte de su alumnado y a fe que lo hizo extraordinariamente bien. Si representar cualquier tipo de obra en un escenario, es un arduo trabajo, imagínense lo que será presentar un musical con niños desde seis a diecisiete años, algunos de ellos cantando en directo, como fue el caso de mi nieta y conseguir que durante toda la representación no hubiera ni un tropiezo entre los intervinientes; había momentos que en el escenario se movían más de veinte personajes de las edades mencionadas. Ni un silencio oneroso, lo que es normal que se produzca en esta clase de manifestaciones. Siempre se ha dicho y es ley irrefutable entre los profesionales de los escenarios que: “No hay actores malos con el papel bien aprendido”. Los pequeños grandes actores, intervinientes en “Antígona tiene un Plan”, se aprendieron el papel de tal guisa que en ningún momento nadie esperó que el apuntador le orientase. Irene, mi maravillosa nieta, cuyas canciones fueron interpretadas, como ya dije, en directo, con su potente y aterciopelada voz, consiguió envolver y deleitar a toda la sala. Sus excelentes dotes de actriz quedaron reflejadas consiguiendo que su expresión corporal estuviera en total sintonía con las canciones interpretadas. Puedo asegurar, y lo aseguro que, no es mi amor de abuelo el que me induce a expresar tal admiración, porque a fuer de ser sincero, los mismos elogios que le dedico a ella, los hago extensivos a todo el elenco que intervino en el musical.


Sería injusto que cerrara este comentario sin hacer mención a la capacidad de trabajo, del maravilloso e increíble trabajo, a las profesoras que fueron capaces de aglutinar a sus alumnos para realizar un esfuerzo encomiable digno de los mejores elogios. Su grandiosa labor se vio refrendada en el papel cuando, creo que eran cinco, representaron a las damas de la diosa Vesta que, a mí me hicieron restregarme los ojos para comprobar si realmente eran seres vivos o estatuas de mármol.


Vaya desde mi humilde entender, un sincero reconocimiento de admiración agradecida, a la Academia Jana, por cómo se esfuerza formando a nuestros niños y jóvenes. Gracias.

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