Mi afición por la lectura

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Pedro A. Mora

Empezamos a leer desde que nos matriculan en párvulos, ahora Infantil. Allí conocemos las primeras letras a-e-i-o-u; después vendrá el abecedario completo. Más tarde la obligación de los libros de texto, la lectura de libros obligatoria y la afición que nos inculquen o asumamos como algo esencial, la lectura, esa que nos lleva a conocer el mundo. Y cuando digo el mundo digo ¡todo! (bueno ahora con las nuevas tecnologías se llega más allá) Pero el placer de la lectura es inigualable.
Mi afición a la lectura comenzó de la mano de D. Silvino, mi maestro. En la escuela teníamos una pequeña biblioteca donde los alumnos de los grados superiores teníamos acceso. Por semanas se nombraba un responsable que se encargaba de llevar el registro de los préstamos. El maestro aconsejaba, no era obligatorio, aunque al que leía le subía la nota. Recuerdo haber leído El Lazarillo de Tormes, El Sastrecillo Valiente, La Lechera, El Flautista de Hamelín, Pinocho, La Isla del Tesoro, Alicia en el País de las Maravillas, Cortadillo y Rinconete, La Vuelta al Mundo en 80 días, La Batalla de Trafalgar, Los Tres Mosqueteros, … y por indicación de la catequista Marcelino Pan y Vino y la Vida de Jesús. Además leíamos los tebeos de por aquel entonces que solicitábamos a Ángel, un prestamista de novelas y tebeos. Por diez céntimos, sacábamos El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, El Capitán Trueno, El Jabato, El Cachorro… También había amigos con mayor poder adquisitivo que te dejaban leer Hazañas Bélicas y otros.
Al salir de la Escuela el acceso a la lectura era casi nulo, no había biblioteca. Recuerdo pasarme por el Bar Zafra para leer el periódico que me dejaba Antonio Arguelles (DEP) siempre que no lo pidiese un cliente que consumía. En mi colaboración con la iglesia tuve acceso a los libros religiosos El Nuevo Testamento, El Padre Damián… En mi etapa de botones en el Sindicato de Ganadería, descubrí la biblioteca y de allí recuerdo leer la revista El Ruedo, Vidas de Toreros, la revista falangista VERTICE; leí Los 27 puntos de Falange, alguno de Ganadería de Toros, (más tarde encontré uno escrito por Hipólito Mora veterinario). Me ofrecieron presentarme para botones del Casino de Madrid pero se necesitaba saber escribir a máquina y el Certificado de Estudios Primarios. Me matriculé en las clases nocturnas en Tarancón junto a Nicolás y Jesús. Allí nos recomendaron Las Fabulas de Samaniego y repasar El Quijote, Romance Castellano, entre otros. Dejé aquellas clases para hacer Formación Profesional Agraria.
Para ingresar en la Escuela de Zamora solo se necesitaba hacer un examen de cultura general y matemáticas elementales. Aprobé, además con beca. Aparte de las lecturas básicas que te exigía el profesor de Lengua, falangista él, me atreví con La Sombra del Ciprés es Alargada, El Camino, la Hoja Roja; el profesor de Religión era del Opus Dei, me invitó a unos ejercicios espirituales en Comillas y a empaparme de Camino, libro base de los seguidores de la Obra. También me aconsejó La Vida Sale al Encuentro, La Chabola de Bilbao y casi toda la obra de Martín Vigil. Pero tenía distintos contactos con los curas rebeldes que celebraban la nueva misa cantada de Miguel Manzano, organista de la Catedral de Zamora. Era consecuencia del Vaticano II y la eucaristía se celebraba en el salón del piso de aquellos curas jóvenes porque entonces aún no estaba permitida. Después de la misa se montaban círculos de debate donde se comentaba de lo divino y humano; salían temas de Educación, de la Republica, el Comunismo, el Socialismo, Los Comuneros de Castilla, la Reforma Agrícola, la Defensa de la Iglesia Progresista… y se terminaba haciendo una proclama contra la reciente cárcel para curas antifranquistas instalada en Zamora. Mi amigo Nando explicó el Mayo del 68 francés.
Me aficioné la leer en la Biblioteca Pública Claudio Moyano de Zamora, nombre coincidente con la Cuesta Moyano de Madrid. Torcuato, el viejo bibliotecario nos decía que leyéramos, además de los libros recomendados en clase por el profesor falangista, al que conocía bien, él nos recomendaba a Machado, García Lorca, Pérez Galdós, Unamuno… Nos enseñó el viejo truco de forrar los libros “prohibidos” con periódico o nos ponía una caratula distinta para disimular.
Después he leído de todo, de todo lo que entendía que era positivo para mi entender; todo lo concerniente a los autores que han marcado los principios y bases de la Sociedad en distintas épocas. Sobre el Feudalismo, la Lucha de Clases y los distintos modelos de autores, como Marx y Engels, Lenin, Nietzsche y Freud, Weber, Ortega y Gasset… Sobre el materialismo histórico y dialéctico, sobre la teoría de la división del trabajo y la alienación, sobre la propiedad privada, el capitalismo y el dinero. Tengo en mis estanterías 1596 libros, contados a petición de mi nieta Caye.
He leído y tengo libros de bibliografías, historia, política, Religión, aventuras, poesía, psicología,… de Cervantes el Quijote y las Novelas Ejemplares, de Machado, Juan de Mairena, Soledades, Bécquer Rimas y Leyendas, García Márquez, Cien Años de Soledad, el Cossio y los Toros, los libros de J. L San Pedro, los de Almudena Grandes, todos mezclados con los Acontecimientos Nacionales de Pérez Galdós. Sacados de la Biblioteca los últimos: La Tierra Prometida de Obama y el Olvido que Seremos de Héctor A. Faciolince. Y tengo pensado el próximo: 365 Días para ser más Culto
Mi afición a la lectura me ha servido para mi formación espiritual, para forjar mi personalidad que no es mejor ni peor que otras. Me ha servido y me sirve para tener el conocimiento de la vida con unos principios que me hacen poder estar al día y debatir ante cualquier foro de muchos temas y sobre todo, de la Igualdad, la Justicia y la Libertad.

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