Aquel soldado, capitán Carralero de la Batalla de Lepanto

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ESTE CONTENIDO HA SIDO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LA FUENTE DE LA DUEÑA Nº 155.

El 7 de octubre se cumplían los 450 de la batalla de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos» que dijo el ilustre Miguel de Cervantes, soldado presente en aquella gesta y donde quedó inválido ganando el apodo de Manco de Lepanto.
El acontecimiento bélico que se desarrolló en el Golfo de Lepanto y que enfrentó a cristianos y otomanos fue decisivo para la Europa de aquella época.
Hacía años que las naves turcas se habían lanzado al control del Mediterráneo occidental. Las costas italianas y españolas estaban cada vez más amenazadas. Ante el creciente peligro, España, Venecia y los Estados Pontificios formaron una alianza para enfrentarse a la armada turca y detener su avance. Así se constituyó la Liga Santa, que se puso bajo el mando de don Juan de Austria, el hijo natural de Carlos V. La armada cristiana zarpó hacia aguas griegas a mediados de septiembre de 1571 con la intención de derrotar a la flota turca atracada en el golfo de Lepanto, al este de Grecia.
Al amanecer del 7 de octubre, los buques de la Liga Santa comienzan a desplegarse en la boca del golfo. Los turcos salen del puerto dispuestos al combate. Los cristianos se despliegan en orden de batalla en tres cuerpos formados en línea, y con una reserva en retaguardia. Los musulmanes, bajo el mando del almirante Alí Pachá, también forman en tres cuerpos, desplegados en forma de media luna. En total son 204 galeras cristianas por 205 turcas. Unos cincuenta barcos más pequeños y ligeros por bando les acompañan, cumpliendo misiones de enlace y exploración. La escuadra cristiana está compuesta por 90.000 almas y su enemiga, por un número similar.
Los otomanos disparan primero. Respondieron los cañones de las galeras de la Liga a las órdenes de Juan de Austria barriendo las cubiertas otomanas. Después tocó el abordaje en una aglomeración de barcos trabados entre sí por garfios, tablones y pasarelas.
A las cuatro de la tarde, la batalla pareció llegar a su fin. El balance de bajas en la Liga es aterrador: 15 galeras perdidas, una de ellas capturada, 7.650 muertos y 7.784 heridos. En el bando otomano se han hundido también 15 galeras y otras 160 han sido capturadas. El balance de muertos se estima en unos 30.000. La cifra de prisioneros asciende a 8.000 que serán convertidos en esclavos.
Aquel acontecimiento histórico fue decisivo para Europa, España y también para nuestra Comarca. Hasta Villarejo llegó tras esa batalla la imagen de la Virgen que el Papa Pío V regaló a Luis de Requeséns, bautizada posteriormente como Virgen de la Victoria de Lepanto.
Siendo Luis de Requeséns uno de los destacados de la Batalla y siendo además Comendador de la Encomienda Mayor de Castilla no es extraño que requiriese hombres decididos para la lucha, entre ellos a Carralero, uno de nuestros antepasados fuentidueñeros.
Se cuenta que D. Juan de Austria tras conseguir la victoria en Lepanto concedió al Capitán Carralero las armas de su escudo, el mismo que se luce desde entonces sobre la puerta de una de las casas de la Plaza de la Constitución. Este Escudo de Armas muestra orgulloso yelmo adornado con plumas de avestruz, barco, castillo y la Cruz de Santiago en el centro remarcando la orden militar a la que perteneció Fuentidueña.
Según datos de la heráldica.com Carralero ocupa el número 169.875 como apellido más común del Mundo; 2.138 personas tienen este apellido de los cuales 1.427 están censados en España y de ellos, 709 en la Comunidad de Madrid. Fuentidueña cuenta con doce familias con este como primer apellido, sin duda todos emparentados con el valiente Capitán

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