«El Milagro» fue hace 450 años

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Nacho y Pedro Mora

ESTE CONTENIDO HA SIDO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LA FUENTE DE LA DUEÑA Nº 155.

La Virgen del Rosario donada por el Papa Pío V había desembarcado en Valencia con destino a una ermita de Madrid hasta que se construyera el Santuario para su veneración en Villarejo de Salvanés. Así lo como había proyectado el Comendador Mayor de la Orden de Santiago Luis de Requeséns.
La comitiva había salido del puerto de Valencia compuesta por tres vaqueros, doce frailes, un prior y cuatro soldados de la Orden de Santiago que lo escoltaban a la imagen de la virgen que avanzaba subida a una carreta tirada por bueyes. Marchaban por el Camino Real de Levante a Madrid, habían llegado hasta Fuentidueña donde habían pernoctado dejando la imagen de la Virgen en la iglesia de San Andrés custodiada por los frailes y algunas beatas del pueblo; el resto en la Caserna, sede del depósito de la Orden.
Antes del amanecer dispusieron lo necesario para reanudar la marcha tomando de nuevo el Camino Real pasando por Santa Elena, bordeando el Cerro de la Atalaya para bajar al Valle San Pedro. Los hortelanos comenzaban ya sus tareas. Al ver la comitiva donde destacaba la Virgen del Rosario en lo alto de la carreta dejaron las azadas y descubriéndose y abatidos de rodillas se santiguaban lanzando al tiempo vivas a la imagen. La comitiva hizo una ligera parada a la sombra de los cerros, donde los jornaleros se acercaron para reverenciar la imagen de la Virgen.
Después de abrevar bueyes y caballos y del pequeño descanso merecido se dirigieron por Santa María hacia Villarejo donde pensaban pernoctar y reanudar la marcha al día siguiente. Al llegar al pueblo, fueron recibidos por autoridades religiosas y civiles junto a numerosas beatas que esperaban la llegada junto a la plaza de la Tercia, lugar escogido para el descanso de hombres y animales y para la adoración de los fieles a la Virgen del Rosario.
El Papa Pio V se había reunido con el Rey Felipe II para reorganizar los ejércitos de la Santa Liga para impedir el avance del ejército Otomano de Alí Pacha por el mar Mediterráneo conquistando ciudades cristianas. Como general de aquel ejército fue nombrado Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos I y hermano de Felipe II. A su vez fue nombrado como mentor de este a Luis de Requeséns militar, marino, diplomático, político, gobernador de Milán y embajador en la Santa Sede.
El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la Batalla de Lepanto que fue calificada por aquel que estuvo en ella, Miguel de Cervantes, como “la más alta ocasión que vieron los siglos”. Murieron miles de hombres, otros tantos heridos, cientos de prisioneros, galeras destruidas. La flota turca fue aniquilada.
Durante el tiempo que duro la batalla el Papa rezó continuamente ante la imagen de la Virgen del Rosario, a la que atribuiría el triunfo cristiano ante los turcos.
Luis de Requeséns, Comendador Mayor de la Encomienda de la Orden de Santiago, recibió del Papa Pío V la imagen de la Virgen del Rosario en agradecimiento por su labor estratégica en la Batalla de Lepanto, asesorando al General Juan de Austria al frente de los ejércitos de la Liga Santa contra el otomano de Ali Pachá. El citado Comendador decidió entonces construir un santuario en Villarejo, sede de la Encomienda Mayor de Castilla, para veneración de la Virgen. Las autoridades locales estaban de acuerdo en dicha construcción y el sitio elegido fue El Pradillo. Mientras se llevaba a cabo la construcción del santuario la imagen de la Virgen se depositaría en un edificio de la Orden Franciscana de Madrid.
Fue entonces cuando se disponían a atalajar a los bueyes para reanudar el camino mostrándose estos inquietos, haciendo caso omiso al requerimiento de los cabestreros, resistiéndose a levantare. Todos se extrañaban de aquella actitud no mostrada hasta ahora. Avisaron de aquella situación a las autoridades locales. Tras un tiempo de caricias y de palabras tranquilizadoras consiguieron ponerles el yugo y acoplarlos a la carreta intentando emprender la marcha. No hubo forma de hacer tirar a los bueyes, no querían caminar por mucho que los pastores lo intentaron. Se avisó a expertos cabestreros, herradores; fueron auscultados por el albéitar del lugar y no se detectaba lesión alguna. Así decidieron descansar un día más sin ser suficiente. Los bueyes seguían con la misma actitud de no querer caminar.
Mientras tanto el pueblo seguía adorando a la Virgen a todas horas y surgió de la multitud la voz de una mujer que gritó ¡Milagro no son los bueyes, es la Virgen la que quiere quedarse! ¡Milagro! ¡Milagro!, contestaron al unísono los fieles congregados en la plaza, creando un halo espiritual colectivo que contagió a todos los vecinos del pueblo.
El Comendador y las autoridades locales ante aquella manifestación de fe, decidieron que la imagen se quedara en el pueblo. Las obras del Santuario tardaron 30 años en terminarse. Mientras tanto, todos los años, cada 7 de octubre se celebró ante la Virgen la conmemoración de la Victoria de la Cristiandad ante los otomanos, en la Batalla de Lepanto.
Luis de Requeséns solicitó al Papa Gregorio XIII el cambio de advocación de la Imagen y desde entonces se venera como Ntra. Sra. de la Victoria de Lepanto, Patrona de Villarejo de Salvanés, estando protegida por una Comisaria y una Hermandad.
En estos días, coincidiendo con los 450 años el Ayuntamiento y las Entidades Religiosas de Villarejo han querido conmemorar un acontecimiento histórico que fue decisivo para la Cristiandad. D. Luis de Requeséns en el ámbito de la Encomienda reclutó soldados para la causa cristiana. De Fuentidueña era nativo el Capitán Carralero que se distinguió en la Batalla de Lepanto siendo nombrado administrador de la Caserna como sede local. En ella se almacenaban los diezmos de vino, aceite y pan que se recaudaban, trasladándolos a la Tercia y posteriormente a la corona. En la plaza del pueblo, existe el escudo de armas con las que el Rey Felipe II distinguió al Capitán.

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