Gracias a ti.

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Su foto. Un enorme corazón de rosas rojas con dos blancas en su esquina superior e izquierda, unas mariposas y un enorme “Gracias”. Así se ha despedido Concha, la farmacéutica que nos despachó los medicamentos hasta hace pocos meses en la Farmacia local. La enfermedad, esa que no conoce ni edades, ni vidas en las que aún queda mucho por hacer se la ha llevado. Con ella se va una profesional grande, pero sobre todo una buena persona que siempre te recibía con una sonrisa.

Y es que Concha era el ejemplo perfecto de lo sencillo y también de lo humano. Dice Ken Follet en Los Pilares de la Tierra que “cuanto más sencillas son las cosas menos errores se cometen”. Ella era así, sencilla y muy normal. Algunos ejemplos hay de personas sencillas que se han llevado después el cariño de Fuentidueña. Ella se suma a esta lista.  

En lo humano, en un mundo cada vez más conectado en el que el trato de tú a tú cada vez es más difícil en la atención al cliente, lógicamente guardando las distancias en lo que se refiere a las oficinas farmacéuticas, ella mostraba esa empatía tan necesaria y cada vez más olvidada.

Concha no quiso irse sin volver a Fuentidueña, el lugar que fue su casa laboral en los últimos años. Los pequeños actos hacen a la gente grande, tan grande como la cantidad de flores que la han despedido o todas las personas de su pueblo Villamanrique, de Santa Cruz y de Fuentidueña que no han querido pasar la oportunidad de despedirla. El agradecimiento es nuestro. Gracias a ti, Concha.

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